El asesinato de Luis Donaldo Colosio ha consumido millones de litros de tinta, y miles de horas de noticieros de radio y televisión. Desde el principio, la historia juzgó al hoy expresidente Carlos Salinas de Gortari como el autor intelectual. La semana pasada, el Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Segundo Circuito amparó a Mario Aburto Martínez. Consideró que debió ser juzgado por el delito de homicidio con base en el Código Penal de Baja California que establece una pena de 16 a 30 años de cárcel por dicho delito del fuero común, lo cual lo pondrá libre próximamente, y no hasta 2039 según el Código Penal Federal que le sirvió una sentencia de 56 años.
De un reportaje de Patricia Juárez, el 23 de marzo de 2020 en “Infobae”, publiqué un extracto que hoy toma un interés especial ante la seguridad de que Mario Aburto, el presunto asesino material de Colosio, salga de la cárcel próximamente. Abundante en detalles que son ignorados por las nuevas generaciones, dice: El reloj marcaba las 17:12 horas del Pacífico en México. Sonaba la canción de “La Culebra” en medio de una multitud, cuando el sonido de los disparos transformó las ovaciones en gritos de terror. Alguien había herido de muerte a Luis Donaldo Colosio Murrieta, el candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional. Según versiones de periodistas que cubrían la campaña de Colosio, el acto en el barrio popular de Lomas Taurinas no estaba agendado. Aproximadamente a las 4 de la tarde, el candidato Colosio llegaba a la explanada de la colonia de
Lomas Taurinas (la que tres meses más tarde llevaría su nombre), para ofrecer un mitin a más de 4 mil personas. Una hora 12 minutos más tarde recibía dos disparos, uno de ellos en la cabeza que lo mataría. El “asesino solitario”, como llamaron a Mario Aburto, fue quien accionó el arma dando muerte al candidato. El gobierno mexicano, que era de extracción priista como hasta ese entonces lo había sido durante el último medio siglo, concluyó que Aburto “fue el autor material e intelectual del magnicidio”. Pero los mexicanos no lo creyeron, y hasta el día de hoy la voz del pueblo apunta al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari como el autor intelectual. El gobierno de México era tipo neoliberal, igual que en Colombia donde imperaba el terrorismo del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria y entre 1989 y 1990 fueron asesinados tres candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro...
El reportero Jesús Lemus, de Los Ángeles Times, en una entrega especial para Times en Español escribió en 2021: “hasta hoy Mario Aburto no ha hablado con la prensa; se reserva su historia para un día contarla a través de un libro, según confirma una fuente cercana a la familia”. Lo siguiente es un extracto de la entrevista de Lemus a Aburto:
Durante los meses de junio a diciembre de 2008, a lo largo de mi encierro en la cárcel federal de Puente Grande, Jalisco, yo tuve la oportunidad, en calidad también de reo inocente, de hablar con Mario Aburto. Cuando lo vi, alcancé a reconocerlo. Lo miré a lo lejos: caminó despacio, con las manos atrás y la cabeza agachada. Caminamos juntos desde el diamante de vigilancia.
El instinto de reportero me saltó y le solté la pregunta:
–¿Sí mataste a Colosio? –él me miró fijamente y solo esbozó una sonrisa; yo volví a insistir con la pregunta: ¿de verdad lo mataste, o sólo te pusieron?
–Es sólo publicidad –me soltó casi en un susurro–. Yo no lo maté; pero ¿cuándo le ganas al gobierno? Si ellos dicen que tú fuiste, pos’ fuiste tú y no hay forma de decir que no. Y mientras, aquí me estoy acabando la vida por algo que ni yo estoy seguro de que haya hecho. –¿Cuánto te dieron de sentencia? –Me la dejaron en 45 años; me habían dado 48 pero luego me la bajaron a 42 y finalmente me la dejaron en 45…
–Un chingo, ¿no? –le dije a manera de consolación y manifestando ese
gesto solidario, de preso a preso, que sólo se entiende cuando uno está adentro.
–Pos’ sí, pero ¿ya qué le haces? Como que te resignas, como que te acostumbras… Y van pasando los meses y se van acabando los años.
La segunda ocasión que Lemus conversó con Aburto sucedió en el área del hospital.
–¿Cuál es la principal prueba que piensas te podría sacar de la cárcel? —preguntó el reportero.
–El casquillo que dicen las autoridades que recogieron en la escena del crimen –contestó–. Si supuestamente yo tenía un revólver, que es con el que aseguran que maté al licenciado, ¿cómo es posible que haya un casquillo en el suelo, si en un revólver los casquillos percutidos siempre quedan en el tambor? Si hay un casquillo en el suelo, alguien más disparó y, en consecuencia, la teoría del asesino solitario se viene abajo. Y también se viene abajo toda la culpa que me han echado. Y alguien más debería estar aquí, en mi lugar…
Lemus fue uno de los presos inocentes en el gobierno de Felipe Calderón.
La pregunta –y deseo– de una gran parte del pueblo de México se hace cada día más vieja: antes de que termine el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ¿Carlos Salinas caerá preso? No está fácil... (Me leen mañana).
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