Con anticipación de semanas, la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano de Cuernavaca anuncia una estrategia vial para evitar conflictos de tránsito en la zona del santuario de la Feria de Tlaltenango. En los albores de los sesenta, un camión de la línea “Ometochtli” al que se le “chorrearon” los frenos se precipitó sobre la bajada de la avenida Emiliano Zapata. Venía de Tepoztlán y se dirigía a su terminal en la calle Leandro Valle, cerca de la esquina de Matamoros a la cual refería la estatua de los Niños Héroes. El autobús detuvo su loca carrera banqueteando, recargándose en un taller mecánico una cuadra abajo de la esquina de Obregón y Ávila Camacho. Murieron muchos pasajeros, y resultó gravemente lesionada una hija del ícono tepozteco don Ángel Bocanegra, quien formó parte del Escuadrón 2001 que fue a la Segunda Guerra Mundial. De lo malo lo bueno fue que no estaba el tianguis, pues no eran días de la feria. Sin embargo, hubo voces aconsejando el cambio de lugar de los puestos de barbacoa y chucherías que hasta hoy se instala sobre
la dicha avenida, y que fuera ubicado en la placita de San Jerónimo, lo cual no ha sucedido.
Otra cosa es la tradición. Cuenta la leyenda que una tarde del último día de mayo –mes de las flores–, cargando una bien guarnecida caja o arcón de madera se presentaron dos muchachos que al parecer provenían de Acapulco. Al amanecer los jóvenes se prepararon para marcharse, pidiendo a doña Agustina les cuidara el arcón en tanto resolvían otro asunto en un pueblo cercano. Pasaron varios días y doña Agustina estaba muy intrigada, pues los dos jóvenes no regresaban, de modo que decidió guardar el baúl y esperar el regreso de sus dueños. Una de esas noches, la posadera pasó por la habitación y escuchó una música muy suave, despertó a sus hijos e hijas y todos la oyeron. Poco después notaron un resplandor y perfume de sándalo saliendo de la misteriosa caja. Pasados tres meses de la llegada del baúl, de una u otra manera los vecinos se enteraron del portento. Entre dudas y temores, la mayoría del pueblo y la misma doña Agustina acordaron notificar del extraño caso de la caja abandonada que exudaba música, luz y aromas florales. En aquel año estaba al frente de la orden franciscana del monasterio y templo de la Asunción de María (hoy Catedral de Cuernavaca) Fray Pedro de Arana, quien buscó al alcalde mayor de Cuernavaca para que juntos verificaran los hechos que les reportaron los habitantes de Tlaltenango. Pueblerinos, autoridades civiles y eclesiásticas llegaron a la casa de doña Agustina, ocuparon la pieza donde estaba el para entonces ya famoso arcón, cerraron puertas y ventanas…y se verificó de nueva cuenta el portento de música, luz y aromas florales brotando de la caja. Fray Pedro de Arana se sintió designado por el cielo para abrir el arcón. La expectativa crecía entre los concurrentes. Grande fue la maravilla al abrirlo y mostrarse su contenido que resultó ser la imagen de la Virgen María, a la cual de inmediato se le nombró De los Milagros por el magnífico despliegue de portentos que precedió a su aparición...
El 8 de septiembre no se celebra la aparición de la Virgen de los Milagros, sino la conclusión del novenario en la pequeña capilla aledaña a la parroquia principal. Los nueve días de rosarios comenzaron el 30 de agosto del año 1720, una vez que las autoridades eclesiásticas y civiles de Cuernavaca atestiguaron el prodigio del arcón “olvidado” por unos forasteros que, tras meses de estar guardado y sin abrir, de su interior comenzaron a brotar música, luz y aromas de flores. El cumplimiento de las peticiones de los devotos creyentes convirtieron al Santuario de Nuestra Señora de los Milagros en uno de los más concurridos de la entidad, llegados al de Tlaltenango peregrinos del ex Distrito Federal, especialmente de los poblados de Ixtapalapa, Xochimilco, Almoloya del Río, San Pedro Altapulco y San Francisco Tlaltelco así como de comunidades del estado mexiquense, Puebla, Guerrero y Oaxaca. En el año 2020 fue la conmemoración del tricentenario de la advocación de la virgen María de Tlaltenango. Hoy los días en los que es celebrada la feria siguen cubiertos con el manto del covid, pero ciertamente mucho menos que hace dos años… (Me leen mañana)

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected] 

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