Dondequiera que vaya la gente y apeste, es por aguas contaminadas. Y de indignación los reclamos de jóvenes y adultos. Las personas antiguas de Temixco añoran los tiempos de cuando eran niños y “subían” a nadar en el río del Pollo, y los septuagenarios del centro de Cuernavaca evocan los chapuzones en el canal de Chapultepec, límpidas sus aguas, heladas aquí y un tanto cálidas en el municipio vecino, repletas de peces multicolores, ranas verdes y ajolotes grises. Lo mismo ocurría en otros parajes de Morelos, como continúa sucediendo aunque en muy pocos parajes de los canales de Las Estacas, río abajo del Cuautla y el Amacuzac. Y en la geografía nacional, la presencia de grados diferentes de contaminación en siete de cada diez lagos, lagunas, ríos y otros cuerpos de agua, según el Primer Informe Contraloría Social realizado al Programa de Tratamiento de Aguas de la Conagua, que a su vez admite ignorar la calidad en la que se halla más de la mitad de 653 acuíferos en el país. Esto de acuerdo a registros de julio pasado, luego de que en 2016 especialistas en evaluación del impacto ambiental advirtieron que en México hay 260 sitios clasificados como fuertemente contaminados, localizados principalmente en las cuencas hidrológico-administrativas de Aguas del Valle de México, Balsas, Lerma-Santiago-Pacífico, Pacífico-Sur y Península de Baja California. Un problema de importancia vital y de solución inaplazable, este de las aguas contaminadas cuyo saneamiento no es realizado en la totalidad de los municipios y que para bien de las actuales y las futuras generaciones debería ser atendido de manera general, pronta y absoluta. Por fortuna, aunque pocas hay excepciones, Jiutepec, por ejemplo, un municipio conurbado de Morelos que es gobernado por Rafael Reyes Reyes donde opera al cien por ciento la capacidad de plantas tratadoras de aguas residuales. Cuesta dinero y trabajo, pero vale la pena invertir en el cuidado del medio ambiente, en este caso, casi ocho millones de pesos que son nada comparados con los beneficios. Una política de saneamiento de agua, digamos, que dada la gravedad del tema y para que Morelos diera ejemplo nacional debería ser cuestión de acatamiento a una ley contundente, obedecida sin regateos si no fuera porque las y las diputadas del Congreso local se ocupan más en riñas personales que en el bienestar colectivo. Agarrados del chongo, el presidente de la Mesa Directiva, Alfonso de Jesús Sotelo Martínez,  y el diputado oficialmente sin partido pero descaradamente propecista, José Casas González, juran y perjuran que activarán un proceso de  juicio político versus la petista Tania Valentina Rodríguez Ruiz, se pretexto de que “abandonó sus responsabilidades como presidenta de la Junta Política y de Gobierno”. Por supuesto, la palabrería obvia la condición de presuntos “maiceados” como el par de diputados de marras es visto por gente preciada de seria… A NADIE extraña que los dirigentes de las llamadas cámaras empresariales le echen porras al Ayuntamiento, luego del desalojo de los comerciantes ambulantes de la banqueta del hospital del IMSS en la avenida Plan de Ayala. “Reconocemos las medidas implementadas por la autoridad”, dijo zalamero un emocionado Antonio Sánchez, de la Canaco. Pero los dizque líderes de esta y otras agrupaciones –Canacope, Consejo Coordinador Empresarial, etc.– van más lejos: “exigen” que la totalidad de todos los ambulantes sean desalojados de absolutamente todas y cada una de las banquetas que ocupan. Dicho aparte redundancias, como si fuera fácil y sencillo aplicar el plan de ordenamiento que es necesario pero punto menos que imposible llevar rápidamente a los hechos. Algo con lo que, a fuer de ser sinceros, estaría de acuerdo la gran mayoría de los cuernavacenses, pero el problema es dónde reubicarlos. En el primer cuadro hablamos de unos pocos que llevan años en el Parque Melchor Ocampo donde, llegado el remoto caso, no cabrían los que están en Guerrero, No Reelección, Galeana, Degollado, Nezahualcóyotl y más. Otros que llevan años en las glorietas de Las Palmas y La Luna, y docenas más distribuidos en lugares de concentración humana como son las glorietas de la colonia Antonio Barona o las cercanías de las bombas del agua en la entrada de Flores Magón. Peor aún: en estos días en que uno de los temas que ocupa a la gente de Cuernavaca es, precisamente, el comercio informal, hay tres puestos nuevos (recientemente instalados, pues) en la Plaza de Armas, enfrente del café “Colibrí”. Sabidas las cuotas de protección y la venta de espacios a miles de comerciantes por parte de sus líderes, de lo que se trata es de un negocio de millones de pesos, de intereses políticos y económicos que ningún alcalde osó tocar y que si hoy lo hace Antonio Villalobos por eso el encono aderezado con el protagonismo de organizaciones pretendidamente empresariales que “exigen” la solución pero no aportan fórmulas… (Me leen mañana).

 

José Manuel Pérez Durán
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