Haciendo un poco de historia, en materia de talas en Cuernavaca recordamos un caso emblemático de la destrucción de los “árboles muy juntos”. El comentario viene al caso porque recientemente fue el Día del Árbol. Entre otros, uno muy sonado sucedió en 2009 en San Miguel Acapantzingo, donde fue eliminado un número no determinado de árboles nativos para construir una universidad privada. En otro predio localizado sobre el boulevard Díaz Ordaz talaron especies arbóreas mixtas, es decir introducidas y nativas, para dar lugar al armatoste de un supermercado. En noviembre de 2009 fueron echados abajo dos laureles de la India, atrás del jardín Borda en la avenida Álvaro Obregón. El permiso de tala fue autorizado por la administración panista de entonces. Un caso más ocurrió en noviembre de 2010, cuando ambientalistas denunciaron la “tala criminal” en lo que fuera el estacionamiento de Superama ubicado sobre la calle Pericón de colonia Lomas de la Selva, donde todos los árboles fueron talados subrepticiamente, durante la noche, a pesar de que estaban sanos y había el compromiso de respetarlos. Biólogos, ambientalistas, investigadores y uno que otro ciudadano cuestionado para esta entrega confirmaron que el punto más alto de la “veintena trágica” panista en materia de talas de árboles sucedió entre el trienio de José Raúl Hernández (2000-2003) y el de Adrián Rivera (2003-2006). Esto sin olvidar que Cuernavaca le estará “agradecida” por los siglos de los siglos a Sergio Estrada, por haber permitido la invasión de cemento, tabiques y acero en lo que fuera el hotel Casino de la Selva que destruyó no sólo un espacio cultural, también un sitio relacionado con la identidad de Cuernavaca. Enseguida vino el sospechosísimo otorgamiento de la licencia de construcción de los edificios Atitud a cargo del luego frustrado aspirante a gobernar, Adrián Rivera. Ahí, sumado a la destrucción de una zona arbolada hubo otro daño irreversible: la sobre explotación irracional de los mantos de agua que antaño abundaban en ese pedazo de la ciudad. Si a los manantiales del barrio de Gualupita, dentro del parque “Melchor Ocampo”, se los acabó la mancha urbana, el conjunto vertical de condominios Atitud engulle el agua del rumbo. Con la aprobación de sucesivas autoridades, en los últimos treinta años han sido exterminadas grandes extensiones verdes, pese a denuncias ciudadanas y asociaciones de ambientalistas cuyo dictamen de sus representantes es tajante: “no se ha hecho nada para detener la tala de árboles”. Detener la aniquilación de los árboles, sello característico de Cuernavaca, requiere de acciones como las que enseguida se anotan: que autoridades federales, del estado y municipios promuevan el Día del Árbol como un recordatorio contra la tala. Tal día se conmemora el segundo jueves del mes de julio. Que la fecha dedicada a los árboles no se limite a festivales y discursos sino a acciones concretas, por ejemplo, iniciar la reforestación del Paso Express. También, que para que un jardinero pueda podar o talar un árbol, además de contar con el permiso por parte de la Dirección de Ecología, deberá tener una licencia de podador. El Ayuntamiento implementaría un programa de cursos para poda y derribo de árboles urbanos, impartidos por arboristas certificados y podadores profesionales contratados por la autoridad municipal. Cada interesado deberá pagar por recibir esta capacitación, y si pasa el examen tendrá su licencia. Asimismo, el Ayuntamiento deberá formar y educar a la ciudadanía sobre la forma correcta de podar un árbol de acuerdo a las técnicas autorizadas. Se deben designar árboles en áreas públicas y privadas como “inafectables” o protegidos y, salvo condiciones de plaga o longevidad, podrá autorizarse su poda o tala. Existen las normas establecidas en instancias de gobierno, para declarar la inafectabilidad de muchos árboles. No como ahora, que de buenas a primeras desaparecen y nadie responde por ellos… (Me leen mañana). Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos. Atril José Manuel Pérez Durán Impune asesinato de árboles Haciendo un poco de historia, en materia de talas en Cuernavaca recordamos un caso emblemático de la destrucción de los “árboles muy juntos”. El comentario viene al caso porque recientemente fue el Día del Árbol. Entre otros, uno muy sonado sucedió en 2009 en San Miguel Acapantzingo, donde fue eliminado un número no determinado de árboles nativos para construir una universidad privada. En otro predio localizado sobre el boulevard Díaz Ordaz talaron especies arbóreas mixtas, es decir introducidas y nativas, para dar lugar al armatoste de un supermercado. En noviembre de 2009 fueron echados abajo dos laureles de la India, atrás del jardín Borda en la avenida Álvaro Obregón. El permiso de tala fue autorizado por la administración panista de entonces. Un caso más ocurrió en noviembre de 2010, cuando ambientalistas denunciaron la “tala criminal” en lo que fuera el estacionamiento de Superama ubicado sobre la calle Pericón de colonia Lomas de la Selva, donde todos los árboles fueron talados subrepticiamente, durante la noche, a pesar de que estaban sanos y había el compromiso de respetarlos. Biólogos, ambientalistas, investigadores y uno que otro ciudadano cuestionado para esta entrega confirmaron que el punto más alto de la “veintena trágica” panista en materia de talas de árboles sucedió entre el trienio de José Raúl Hernández (2000-2003) y el de Adrián Rivera (2003-2006). Esto sin olvidar que Cuernavaca le estará “agradecida” por los siglos de los siglos a Sergio Estrada, por haber permitido la invasión de cemento, tabiques y acero en lo que fuera el hotel Casino de la Selva que destruyó no sólo un espacio cultural, también un sitio relacionado con la identidad de Cuernavaca. Enseguida vino el sospechosísimo otorgamiento de la licencia de construcción de los edificios Atitud a cargo del luego frustrado aspirante a gobernar, Adrián Rivera. Ahí, sumado a la destrucción de una zona arbolada hubo otro daño irreversible: la sobre explotación irracional de los mantos de agua que antaño abundaban en ese pedazo de la ciudad. Si a los manantiales del barrio de Gualupita, dentro del parque “Melchor Ocampo”, se los acabó la mancha urbana, el conjunto vertical de condominios Atitud engulle el agua del rumbo. Con la aprobación de sucesivas autoridades, en los últimos treinta años han sido exterminadas grandes extensiones verdes, pese a denuncias ciudadanas y asociaciones de ambientalistas cuyo dictamen de sus representantes es tajante: “no se ha hecho nada para detener la tala de árboles”. Detener la aniquilación de los árboles, sello característico de Cuernavaca, requiere de acciones como las que enseguida se anotan: que autoridades federales, del estado y municipios promuevan el Día del Árbol como un recordatorio contra la tala. Tal día se conmemora el segundo jueves del mes de julio. Que la fecha dedicada a los árboles no se limite a festivales y discursos sino a acciones concretas, por ejemplo, iniciar la reforestación del Paso Express. También, que para que un jardinero pueda podar o talar un árbol, además de contar con el permiso por parte de la Dirección de Ecología, deberá tener una licencia de podador. El Ayuntamiento implementaría un programa de cursos para poda y derribo de árboles urbanos, impartidos por arboristas certificados y podadores profesionales contratados por la autoridad municipal. Cada interesado deberá pagar por recibir esta capacitación, y si pasa el examen tendrá su licencia. Asimismo, el Ayuntamiento deberá formar y educar a la ciudadanía sobre la forma correcta de podar un árbol de acuerdo a las técnicas autorizadas. Se deben designar árboles en áreas públicas y privadas como “inafectables” o protegidos y, salvo condiciones de plaga o longevidad, podrá autorizarse su poda o tala. Existen las normas establecidas en instancias de gobierno, para declarar la inafectabilidad de muchos árboles. No como ahora, que de buenas a primeras desaparecen y nadie responde por ellos… (Me leen mañana).
