Bulle de gente el Jardín Juárez, lo cual no es raro a las diez de la mañana. Parecen hormiguitas. La concurrencia es variopinta. Está el bolero presto a atender a sus clientes habituales, así como el joven ejecutivo de banco que, explotado por sus patrones, pudo darse una escapadita, y el vendedor de seguros envuelto en el traje brilloso a fuerza de tanta planchada. Las personas cruzan del edificio Bellavista al Palacio de Gobierno, caminan sobre el jardín hacia el edificio Las Plazas, torean coches y vehículos de otros tipos que se cuentan por docenas. “¡Libre!”, ofrecen los taxistas a los clientes que no escasean como hace unos meses. Esquivados los puestos de dulces “típicos” y de elotes por hombres y mujeres que andan en zigzag, son observados por los viejos pensionados que conversan bajo el árbol cuyas ramas los protegen de los rayos candentes del sol. ¡Puf! En la plancha de la Plaza de Armas el día transcurre más o menos normal. Aunque poca, hay gente que entra y sale del Palacio de Gobierno y saludan de paso a los hombres de seguridad encorbatados que sudan a chorros. Las personas se desplazan apresuradas, no porque tengan prisa sino calor. Se ve a jubilados tomando café o que acaban de almorzar en los restaurantes del entorno; a señoras que salen de los pasajes comerciales cargando bolsas con las compras del día, amas de casa avanzando por Guerrero, Degollado y No Reelección, o bajando al mercado ALM por el Puente del Dragón para avituallar a la familia. Todo normal, incluidos los tapabocas que nos puso y no nos ha quitado la pandemia del cólera virus. No hay gente que no reconozca el trabajo de las enfermeras y los doctores de hospitales públicos y privados que por dos años han luchado contra la enfermedad… y ya casi le ganan. Los vacunados muestran sonrisas de ya la hicimos, mujeres y hombres mayores de 65 optimistas, jóvenes de veinte y de menos años que recién fueron inoculados y así lo comentan.
De alguna manera en Morelos la historia empezó en la comunidad indígena de Tetlama. A mediados de febrero de 2021, el presidente Andrés Manuel López Obrador dispuso las primeras dosis de vacunas a adultos mayores de 65 en 300 municipios marginados, entre ellos, Temixco, al que pertenece el pueblito de Tetlama. Un gallo, también despabilado, les canta a los capitalinos. Hasta la prensa conservadora reconoce que en la CDMX la campaña de vacunación ha sido eficientemente ejemplar. Por ese y otros motivos la aceptación social del 70 por ciento al desempeño de la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum, que no por nada “huele” a presidenta. Pero ese es otro tema.
De lo que la gente no deja de hablar es del antes y después de que estalló la pandemia. Y hace comparaciones: a fines de diciembre de 2020 que inició la campaña de vacunación en México, apenas se había vacunado con por lo menos una dosis al 0,01% de la población en el país; a mediados de marzo de 2022 ya estaba vacunado el 65,62% y por esos mismos días un 61% de la población había recibido las dosis recomendadas para la inmunización. Entonces México se posicionó como el segundo lugar en dosis administradas en América Latina y el Caribe. Nada mal, pero para que dejemos definitivamente el tapabocas en casa todavía falta mucho tiempo... (Me leen después)
Por: José Manuel Pérez Durán
