En Jonacatepec claman por la Guardia Nacional, pues transportistas y comerciantes son extorsionados. “Ellos (los extorsionadores) ya nos mandaron avisos, por eso pedimos que llegue la Guardia Nacional a nuestra comunidad”. Ya se lo habían dicho al tres veces alcalde de ahí, Israel Andrade Zavala, pero subestimó el aviso, así que anteayer bloquearon el pueblo, y decidieron que de ahora en adelante revisarán los coches y las motocicletas que entren y salgan. Harán funciones como de guardias comunitarios. Sólo así fueron canalizados a la Fiscalía de la Región Oriente, para que presenten denuncias. Sobre que los hombres de Jonacatepec no se asustan fácilmente, da cuenta esta historia ignorada por funcionarios de la “legión extranjera” y delincuentes fuereños: Mañana del 5 de agosto de 1993. Una turba enardecida amenaza linchar al procurador de justicia, Tomás Flores Allende. Lo retienen empapado en gasolina, con la soga al cuello. Horas antes, elementos de la Policía Judicial asesinaron a los lugareños Ramiro Gollolarte Arcos y Lauro Gollolarte Bonilla en un incidente de tránsito y alcohol que los “guardianes del orden” dirimieron a balazos. A las 2.30 de la madrugada, un grupo vandaliza cinco patrullas de la Policía Judicial. Protestan por la muerte de uno de los Gollolarte y las lesiones por las que el otro moriría pocas horas después. A las 6.00, Flores se traslada a Jonacatepec. No mide las consecuencias y apenas llega se ve acorralado. Lo zarandean, lo golpean, le rocían gasolina en la chamarra de piel, amenazan quemarlo vivo. Acompañado solamente de su asistente Jesús Martínez, a las 9.00 llega el gobernador Antonio Riva Palacio. El del Ejecutivo con los pobladores enardecidos resulta un diálogo de sordos, imposible de ser convencida la muchedumbre de que libere al procurador. Pasada hora y media, nuevamente amagan con lincharlo. Sentado en una de las bancas del zocalito, Riva Palacio habla durante horas hasta lograr persuadirlos de que nadie tiene derecho a hacerse justicia por sí mismo. 2.30 de la tarde. La gente está armada de palos, machetes, tubos, piedras. Se prepara para recibir a los judiciales que serán llevados de Cuautla para ponerlos presos en la prisión distrital. El Gobernador recalca: “Los traigo como un acto de justicia, no para una venganza”. Transcurre el tiempo lentamente. A las cuatro de la tarde, los más enojados amenazan con ahorcar al Procurador si los judiciales no son llevados a Jonacatepec. Por fin, faltando unos minutos para las cinco, aparecen dos vehículos oficiales. Abiertas las portezuelas, expuestos a las miradas ansiosas de la muchedumbre, los rostros de los policías son de miedo. Los corretean, gritan maldiciones, palos, piedras y puñetazos se estrellan en los cuerpos de los policías. Los acorralan en el Palacio Municipal y de milagro ninguno muere. Del segundo piso uno se lanza y se aferra al poste de luz que en su desesperación ve como tabla de salvación. Otros están a punto de ser aventados desde un balcón. El Gobernador levanta las manos y grita: “¡ya basta!”. Consigue calmar a la turba. El reloj marca las seis de la tarde cuando son metidos en la cárcel el comandante Juan Manuel González Rojas y los agentes Fausto Becerril Martínez, Ernesto Alvarado Ibáñez, Guadalupe Hugo González Acosta, Cruz González Olivera y José Luis Velázquez Beltrán, este último el más lastimado. El fiscal Flores es sacado de la cárcel donde ha pasado doce horas. Pálido, desencajado, presenta una pequeña cortada en la sien del lado derecho y sangre seca en el rostro. Cinco minutos después, Riva Palacio y Flores Allende abordan sus camionetas para regresar a Cuernavaca. Horas más tarde, son destituidos el director de la Judicial, José Isabel Rueda Rivera, y Tomás Flores, este último, relevado por Jorge Arturo García Rubí, quien sin saberlo en ese momento siete años más tarde será gobernador sustituto durante cuatro meses… Por cierto, dos notas: una, Riva Palacio, quien fallecería el 15 de julio de 2014 a los 88 años de edad, este día será recordado en el Senado de la República con la propuesta al reconocimiento Andrés Molina Enríquez. Y dos, tal vez excitado por los jaloneos de anteayer en la Cámara de Senadores por la toma de protesta de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, o para no ser tildado de alcahuete, como atinadamente calificó AMLO a todos cuantos antes de Piedra pasaron por la titularidad de la propia comisión, el similar del organismo estatal, Raúl Israel Hernández Cruz, advirtió que la rebelión del martes en Jonacatepec puede repetirse en otras localidades morelenses si el Consejo Estatal de Seguridad Pública desestima este tipo de acontecimientos… (Me leen mañana). 

 

José Manuel Pérez Durán
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