Con este repaso de lugares sagrados y los personajes que dieron lugar a la adoración de la gente, se advierte que ninguno de ellos tiene una afluencia masiva de la magnitud de las basílicas del Vaticano y de la de Guadalupe. Ubicada en el corazón del México antiguo, heredera de la cosmovisión dualista del universo de los mexicas y convertida en la protectora de los indígenas contra la barbarie de la conquista y la colonia, mexicanos y mexicanas de hoy no declinan en su fe.
El culto se ha extendido a ciudades de Estados Unidos, debido a la emigración de cientos de miles de mexicanos. Considerada Patrona de México y de América, el culto y fe de los guadalupanos es casi el único baluarte y refugio de muchos mexicanos ante las dificultades que no faltan.
Es tal la raíz tradicional y cultural de la creencia consciente e inconsciente de la Guadalupana, que se dice que “en México hasta los ateos son guadalupanos”. Otra advertencia de la izquierda sesentera rezaba que “en México hasta los marxistasleninistas son guadalupanos”.
Como lo han apuntado muchos teóricos y escritores, directa o indirectamente el de la Virgen de Guadalupe fue y es un mito de la conquista espiritual que rescató de la orfandad existencial a los azteca/mexicas despojados de todo: nación, tierra, familia, dioses y los respectivos rituales para comunicarse con ellos.
La azteca y todas las civilizaciones antecesoras, como toltecas y mayas, creían en la dualidad de todas las fuerzas y el dios principal era una bipolaridad masculino-femenino. La Madre de los Dioses o Tonatzin, que se adoraba en el cerro del Tepeyac, fue sustituida por la extremeña imagen de la Virgen de Guadalupe para consumar la evangelización mediante la “absorción” de la esencia espiritual de las antiguas civilizaciones que ocuparon territorios de lo que hoy es México.
Con la imposición de la religión monoteísta, machista y misógina, es decir, que expulsa a la mujer de la facultad de comunicarse o ser una vía hacia Dios, los indígenas conquistados se quedaron huérfanos de madre cosmogónica.
No es de extrañar, entonces, que a la fecha la devoción crezca en medio de las víctimas por la “guerra contra el narcotráfico”, la corrupción rampante, el ecocidio contra la naturaleza y los malos gobernantes.
Tras el milagro de la cuarta aparición de la Virgen el 12 de diciembre de 1531, el hecho no se celebró al año siguiente. Había mucho escepticismo y dudas respecto a las apariciones. El tiempo debía encargarse de hacer el milagro. Y así fue después de 136 años, la primera noticia que existe de un festejo oficial es de 1667 cuando por bula del Papa Clemente IX se instituyó como tal el día de fiesta en honor de la Virgen de Guadalupe.
En 1824, el Congreso de la Unión declaró el 12 de diciembre como Fiesta Nacional. En 1988, la celebración litúrgica de la Virgen fue elevada al rango de Fiesta también en todas las diócesis de los Estados Unidos.
Hoy día se han multiplicado las expresiones de amor guadalupano; los peregrinos que celebran a la Virgen en La Villa superan los tres millones. Año con año, los festejos se inician en la víspera del 12 de diciembre con la interpretación de “Las Mañanitas” por parte de artistas famosos que hacen homenaje a la Virgen Morena.
A pie, en autobuses, coches y bicicletas los peregrinos se van sumando, hasta ocupar por completo la Basílica y el gran Atrio de las Américas en uno de los actos de fervor religioso más notables del continente y, como ya vimos, del mundo, con el fin de rendir tributo a la Virgen de Guadalupe en su día.
Las celebraciones comienzan un día antes con la serenata popular a la Virgen de Guadalupe, seguida de distintos homenajes hasta cuando se entonan Las Mañanitas. Toda la madrugada y hasta la noche del 12 de diciembre continúa una serie de misas entre las cuales la más importante es la dedicada a la Celebración y Bendición de las Rosas, al punto del medio día.
Seguiremos vistiendo a nuestros hijos y nietos de inditos y a hijas y nietas de inditas; nos iremos a tomar la foto en la iglesia del Pocito en el Tepeyac, cantaremos Las Mañanitas, con o sin peregrinación. Creyentes o no creyentes continuaremos encomendándonos a la Virgen de Guadalupe en momentos de tribulación… porque con algunos políticos y gobernantes basta y sobra para tener quebrantos.
Será nuestra devoción guadalupana, la explicación práctica de aquella frase lapidaria sobre nuestra ubicación física y espiritual como mexicanos?: “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos…”. Cualquiera que sea el caso, para eso tenemos el amparo de la Morena del Tepeyac... (Me leen mañana).
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