El debate va para largo, y a lo más puede pasar lo que en la Unión Americana, que en unos estados esté permitido su uso recreativo o medicinal y en otros continúe siendo ilegal. Es un tema que va y viene, así que para apartarnos de la discusión baladí hay que revisar aspectos históricos y culturales de los psicotrópicos. Como toda sustancia natural –el vino, el whisky, el pulque y otros destilados y fermentados–, el mal no está en el consumo sino en el abuso. Tendríamos que regresar, como sociedad, al uso sagrado y místico de los psicotrópicos –caso de la “cannabis”– para revertir su uso industrial, masivo, dañino y, huelga decir, criminal. Lo cual resulta utópico... La mariguana. En Nepal y el Tibet esta planta era utilizada desde tiempos inmemoriales por los yogis como ayuda en sus meditaciones, y los devotos varones la empleaban como símbolo de fraternidad, consumiéndola en grupo. Un detalle revelador es que inicialmente no la fumaban, sino preparaban cocciones de la planta que bebían en un contexto ritual y con una periodicidad bastante espaciada. Quienes comenzaron con la costumbre de fumarla fueron los ancianos que recurrían a ella para matar el tiempo cuando su avanzada edad les impedía trabajar en el campo. En África el consumo de esta yerba se conocía como una fuente de placer y con fines religiosos mucho antes de la llegada de los europeos. Conocida comúnmente como “dagga”, los pigmeos, zulúes y hotentotes la utilizaban en sus rituales religiosos y como remedio curativo. Se sabe que su uso en las ceremonias religiosas de Etiopía se pierde en la noche de los tiempos, y que los primeros cristianos coptos la adoptaron en sus ceremonias religiosas. Investigadores como Gordon Wasson apoyan la idea de que tres mil años antes de nuestra era la India podía haberse encontrado al borde de una época “psicodélica” como la de los sesenta en Estados Unidos, debido a la alta cantidad de los fumadores de mariguana, en quienes era imposible determinar si predominaba la “sattva” (iluminación) o las “tomas” (indolencia), por lo que los brahamanes sabios habrían tenido que hacer todo lo que estaba a su alcance para evitar tal abuso. Esto explicaría también por qué el Gautama Sidartha –el Buda– estaba en contra de la intoxicación como para incluirla entre las cinco cosas prohibidas, junto con el asesinato, el robo, la mentira y el adulterio. Desconocida en América, al parecer la mariguana llegó en tiempos de la Colonia con esclavos africanos, aunque otros aseguran que fueron soldados españoles quienes forjaban sus carrujos para matar el tedio de las largas travesías marítimas… El peyote. Como bien se sabe, México es uno de los países ricos en la diversidad de alucinógenos, en el uso que de ellos han hecho diversos pueblos indígenas y de hecho como parte de la herencia de las civilizaciones mesoamericanas. El peyote y el hongo –este último conocido por los mexicas como teonanacatl, “la carne de los dioses”– son los alucinógenos sagrados más importantes. La civilización mexica tenía un gran conocimiento sobre el uso de las plantas y utilizaba una gran variedad de ellas con fines medicinales. Tal era el caso de varias especies de cactus, entre otras el peyote, el tabaco, el toloache y algunos hongos. Desde épocas prehispánicas los indígenas han considerado el peyote como planta divina que les confiere una serie de beneficios, entre los cuales se encuentran curar enfermedades, tener buenas cosechas, predecir el futuro y ser valerosos en las batallas, además de transferirles poderes telepáticos y místicos… El ex gobernador Graco Ramírez defiende el uso lúdico de la “motita” y el ex presidente Vicente Fox también, pero otros más sostienen que fumarla afecta las facultades mentales y si lo dudan vean las estupideces que Fox suele poner en sus redes sociales… (Me leen después).
Por José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
