Una vez instalado en la capital de la ex Nueva España, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu presidió la regencia del primer gobierno provisional mexicano. Tras mucho cabildeo y sobornos “a cuenta” de lo que pudiera generar el nuevo reino de México, en mayo de 1822 fue proclamado emperador con el nombre de Agustín Primero.
Pero poco le duró el gusto. En diciembre de 1822, Antonio López de Santa Anna proclamó el Plan de Veracruz, con el cual los antiguos insurgentes inconformes con el régimen imperial se levantaron en armas. El emperador decidió abdicar en marzo de 1823 y marchó a Europa. Durante su ausencia, el Congreso Mexicano, que el mismo Agustín I instituyó, lo declaró traidor, fuera de la ley y “enemigo público del Estado, así como a todo aquel que le ayude a su regreso”.
Sin imaginar semejante resolución, Iturbide regresó a México en julio de 1824 para advertir al gobierno sobre una conspiración español a para reconquistar México. Pero apenas desembarcó en Tamaulipas, fue arrestado y ejecutado por un pelotón de fusilamiento.
En los diez meses que disfrutó el título de Agustín Primero, Iturbide tuvo algunas mieles, incluso en medio de tantos enemigos y convulsiones. Una de ellas fueron los chiles en nogada. La versión más aceptada es que fueron las madres agustinas del Convento de Santa Mónica, de Puebla, quienes al saber que el Emperador estaría en la ciudad para celebrar su santo, el 28 de agosto de 1822, prepararon un platillo para recordar los colores de la bandera del Ejército Trigarante. En ese mes se cosechan las nueces de Castilla, ingrediente básico de la nogada, así como las granadas, y junto con los chiles poblanos rellenos quedó confeccionando el famoso platillo para agasajar al Emperador.
El mulato. Pocos saben que el asesinato de Vicente Guerrero se convirtió en un escándalo internacional. Tras el proceso, el gobierno de Génova, Italia, declaró traidor y “bandido de primer orden” al marinero Picaluga, dictándole sentencia de muerte. En tanto, el gobierno de Centroamérica pidió que se hundiera el “Colombo”, el barco de aquél donde traicionó y tomó preso a Vicente Guerrero. En la capital de México, los militares que participaron en el proceso en contra de Guerrero fueron expulsados del ejército.
La traición fue alimentada con los 50 mil pesos que había ofrecido el ministro de Guerra, José Antonio Facio, por indicaciones del vicepresidente, Anastasio Bustamante, líder de la sublevación versus el presidente Guerrero. La muerte fue festejada públicamente en la ciudad de México, lo cual provocó un gran malestar tanto entre los liberales y partidarios de Guerrero como en la mayoría de la población que admiraban la entereza y entrega del caudillo de la causa insurgente.
Varios congresistas y liberales responsabilizaron a los españoles de la muerte del presidente Guerrero, acusándolos de “atentar contra el orden democrático y republicano”. Bustamante y sus seguidores cercanos fueron expulsados del país.
¿Pero por qué tanto odio contra Guerrero? La pugna se debía al profundo divisionismo del bando insurgente y liberal. No obstante separados en dos bandos (yorkinos y los escoceses), todos los liberales militaban en la orden masónica, por influencia de los masones de Estados Unidos. Guerrero era de los primeros y su enemigo jurado era Anastasio Bustamante... (Me leen mañana).
