Como sucede con otras celebraciones, el domingo de hoy en ocho días será ocasión para reflexionar, criticar, exigir y proponer. Las causas no son numerosas ni complejas, no se ameritan sesudos estudios para llegar a la raíz de los dos terribles fenómenos: las condiciones de miseria propiciadas por la injusta distribución de la riqueza nacional, más la corrupción que supura por las llagas del descompuesto sistema político son elementos del medio propicio para el desarrollo de estas lacras. No dejemos a un lado aquellos estereotipos y prejuicios que deforman al sector masculino de la sociedad: machismo, sexismo, misoginia, masculinidad hegemónica, androcentrismo, entre otros epítetos y conceptos con expresiones individualistas y colectivas que se registran en el ambiente laboral y del hogar en detrimento de las mujeres. Por todo ello, ante la proximidad del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, se suman dos recordatorios a las actividades reflexivas y críticas en contra de cualquier tipo de violencia, sea contra niñas, jóvenes y mujeres de equis edad y condición. Primero, rememoremos datos y hechos de las “muertas de Juárez”. Segundo, “Betsabé, historia de un feminicidio”, fragmentos de una magistral crónica sobre la muerte de una mujer a manos de su desquiciado marido. Los “feminicidios en Ciudad Juárez” y las “muertas de Juárez” son dos expresiones en referencia a la suma de asesinatos contra mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua, desde enero de 1993 y cuyo registro llegó a 2012. Casi veinte años durante los cuales el número estimado de feminicidios, estrictamente calificados como tales, ascendió a más de 700 pero la cifra se triplicó por otros homicidios sin tal categoría. Publicada en octubre de 2015 en el semanario “Proyecto Diez”, de Guadalajara, de la extensa y brillante crónica “Betsabé: La historia de un feminicidio”, de Jorge Gómez Naredo, rescatamos dos fragmentos: “Una semana antes de que Betsabé fuera acuchillada por Alberto, éste habló muy seriamente con la familia de ella. Él quería volver, quería que nuevamente ambos vivieran juntos. Pero Betsabé no. Alberto, hombre terco, insistía constantemente. La familia intervino: trató de hacerle entender que ya no iba más, que la dejara porque era ella la que ya no quería estar con él, que esas cosas pasaban, y que no había nada por hacer, porque la decisión era definitiva (…) Los niños estaban despiertos. Habían visto todo: cuando llegó su papá, cuando le levantó la voz a su mamá, cuando la comenzó a golpear, cuando la amarró, cuando le metió el cuchillo en el pecho y cuando le cortó las venas de la muñeca, cuando les dijo que se callaran y que no gritaran. Todo lo vieron y escucharon. Y lloraban”… (Los conceptos de feminicidio y femicidio se desarrollaron en la literatura feminista de principios de la década de 1990, para exhibir el “sustrato sexista” en numerosos asesinatos y muertes de mujeres, además del androcentrismo o la cultura centrada en la supremacía del hombre). Otro elemento del feminicidio es la responsabilidad directa o indirecta del Estado en estos fenómenos, debido las deficiencias de los sistemas de justicia. El derecho penal ha contribuido a la subordinación de las mujeres y, aunque en las últimas décadas se ha logrado erradicar gran parte de las disposiciones discriminatorias, aún falta mucho para eliminar ese maltrato implícito… Supuestamente evento apolítico, las vísperas del día sin mujeres, el 9 de marzo, se ven contaminadas por la fotografía de Felipe Calderón con la dirigente del colectivo jarocho “Brujas del Mar”… (Me leen después).

JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN
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