El nuestro sería otro estado echando a andar el aeropuerto de Tetlama, lo que junto con la central camionera han sido el sueño guajiro de tres generaciones. En Morelos las empresas aéreas han llegado como se han ido, en medio del fracaso económico por la falta de pasajeros. Estuvieron unos pocos meses, aguantaron lo que pudieron pero todas  acabaron aventando la toalla. Una solamente duró más, Aerolíneas Internacionales, hace casi dos décadas. Treinta años hace que la pista y la terminal de Tetlama empezaron a operar sin que hasta hoy haya podido despegar para siempre. Entonces la de Cuernavaca era una de las pocas capitales de estado que no tenía aeropuerto. Incluida la terminal y la pista de 3 mil 100 metros costó 10 mil millones de pesos viejos. En los ochenta, durante unos meses voló de Cuernavaca a Huatulco el bimotor de la empresa Aeromorelos que por falta de pasajeros terminó instalándose en Oaxaca. Sacada del aire en 2003 por la Dirección de Aeronáutica Civil, Aerolíneas Internacionales fue la que más tiempo permaneció. Después vendrían otras compañías: Mexicana de Aviación, Aerocaribe y Aeroméxico, pero también se fueron como llegaron, escasos los pasajeros a Guadalajara, Tijuana, Monterrey, etc. Todas bajaron la cortina, y sin embargo quedaba el recurso de convertirlo en alterno al aeropuerto de la capital mexicana, así que, remodelada la terminal durante la administración del panista Marco Adame Castillo, se habló de cifras grandes, de 300, 500 millones de pesos al cabo tirados a la basura. En junio de 2013 volaba Viva Aerobús, a la que junto con Volaris la administración estatal subsidiaba con 4.8 millones de pesos semestrales que el gobierno perredista de Graco Ramírez suspendió, se dijo entonces, para no seguir echándole dinero bueno al malo. Pero si no aviones de pasaje, porque entonces como hoy los viajeros de Morelos y Guerrero seguirán optando por la amplia gama de vuelos desde el ex Distrito Federal en cuyas dos terminales circulan anualmente unos treinta millones de personas, quedaba la opción de traer naves de carga que descongestionaran el tráfico aéreo del Valle de México. Lo malo fue que jamás construyeron bodegas, y al no haber terrenos disponibles en las cercanías de la terminal habría que hacerlas un tanto lejos, lo cual entorpecería las maniobras de carga, descarga y transportación terrestre... Y lo de la central de autobuses: En Cuernavaca la Central Camionera que saque del centro a las terminales de autobuses de pasajeros ha sido otra utopía. Ha de haber sido por allá de mediados de los setenta cuando instalaciones semejantes comenzaron a ser construidas en la Ciudad de México y en capitales estatales, pero no aquí. Para la obra jamás realizada el terreno ya había sido cedido por el ejido de Chapultepec en las cercanías de la subestación eléctrica de la CFE, la planta de almacenamiento de Pemex y la Preparatoria Uno. El proyecto venía del sexenio 1970-76 del gobernador priista Felipe Rivera Crespo, inimaginable en aquellos días lejanos para los cuernavacences la mancha urbana que sólo una década después comenzaría a extenderse a Jiutepec, Yautepec, Zapata, Temixco y Xochitepec mientras las terminales, antiguas ya, de las líneas Flecha Roja, México-Zacatepec y Estrella de Oro se quedaban en el primer cuadro de la ciudad. Sambutidas en zonas densamente transitadas (Morelos, Abasolo, Galeana y Las Palmas) y luego instalada otra en La Selva y una más en el boulevard Cuauhnáhuac, continúan generando conflictos de vialidad y contaminación ambiental. Y así llegamos al hoy, insistente la actual administración estatal en los dos temas: revivir el aeropuerto de Tetlama y construir la central camionera de Cuernavaca. Costarían una fuerte suma de recursos federales, pedidos al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuyas prioridades del Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía, ambas con una inversión calculada en 220 mil millones de pesos, mantendrán a Morelos en la sala de espera, aguardando la ambición de los “moches”… GUARDADAS las proporciones, el ex alcalde de Jiutepec, José Manuel Agüero Tovar, podría ser convertido en el Emilio Lozoya de Morelos, puesto eventualmente en la alternativa de regresar la copa o ir a la cárcel. Insistente el actual edil del municipio vecino, Rafael Reyes Reyes, en que la Auditoría Superior del Estado y el Congreso atiendan ya la solicitud de una auditoría especial, tarde o temprano tendrán que espulgar la letra chiquita de la deuda de unos 700 millones de pesos que heredó Agüero… (Me leen mañana).

 

José Manuel Pérez Durán
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