Nunca la mayoría de las “rutas” ha estado en condiciones óptimas de seguridad y comodidad. E igual los taxis, sacadas de circulación las carcachas sólo cuando amenazan romperse por viejas, y dadas las manitas de gato que a nadie engañan, pintándoles el cascarón “para despistar al enemigo” aunque por dentro sigan estando pal’ arrastre. Pero en medio de todo esto, hace seis años aún hacían la revista mecánica o simulaban practicarla en un negocio millonario que se volvió costumbre en los funcionarios de la primero Dirección General del Transporte y luego en la dependencia elevada a la categoría de Secretaría, por medio de la venta de calcomanías en paquetes (por decir un número: doscientos pesos cada una en lugar del costo oficial de cien), pero sin realizar físicamente las revisiones mecánicas y físicas a todas y cada una de las unidades. Y todos contentos: las autoridades del área respectiva y el director general o secretario recibiendo los fajos de billetes por “el moche” de la práctica de las falsas revisiones así como los dueños de los vehículos, menos los pasajeros permanentemente expuestos al riesgo de accidentes. Secretario de Movilidad y Transporte, Víctor Mercado Salgado es el funcionario de esta área con mayor experiencia de cuantos históricamente han pasado por este cargo. Viene desde abajo, así que no hay resquicio de esta dependencia del Poder Ejecutivo que no conozca al dedillo. Lo que en el caso de la revista mecánica viene a cuento. Suspendida en la anterior administración so pretexto de que el trámite se prestaba a transas de corrupción, la consecuencia fue que un elevado porcentaje del parque vehicular de rutas y taxis se carcachizara en detrimento de la seguridad y la comodidad de los usuarios. Hoy, con el “Güero” Mercado –como es conocido hace más de cuatro décadas en el medio– de vuelta en la movilidad del transporte público estatal, regresará la revista mecánica. Naturalmente habrá resistencias, como de hecho ya comienzan a bocetarse, y en la Tesorería Estatal ingresarán recursos importantes, pero lo importante será que los usuarios ganen en seguridad y comodidad porque los carcamanes que de manera reiterada no aprueben la revisión sean enviados al deshuesadero y sustituidos por rutas y taxis nuevos. Pero como verá el lector, ese será otro tema. Mientras tanto, un retazo de cómo comenzó esta historia. Sabido es que en Cuernavaca hay taxis de sobra, concesionados y “ubers”, superada la demanda por la oferta desde mediados de 2006 cuando, a poco de dejar la gubernatura, Sergio Estrada Cajigal no sólo emitió casi 4 mil concesiones, también decretó la metropolización del servicio de taxis para que los permisos de Xochitepec, Temixco, Zapata y Jiutepec costaran lo mismo que los de Cuernavaca y poder desde entonces circular en la capital los taxis de los municipios conurbados. Años atrás, durante el gobierno 1988-94 de Antonio Riva Palacio López ya habían sido autorizadas unas veinticinco mil concesiones, de taxis y rutas la gran mayoría y las menos de servicio de carga. Pero de alguna manera todo venía desde inicios de los ochenta. La generación actual de operadores de microbuses “ruteros” no había nacido cuando el entonces gobernador Lauro Ortega Martínez creó el sistema de transporte colectivo al que rápidamente los usuarios bautizaron como “rutas”. Pocos años después de la fundación de los llamados comités populares de transporte en pueblos del interior del estado, fueron sorteadas unas setecientas concesiones a choferes y permisionarios de taxis por medio de una rifa efectuada en 1987 en el entonces Cine Ocampo y posteriormente Teatro de la Ciudad. Fue cuando los flamantes “ruteros” comenzaron a trabajar en combis y coches sedán, viejos los más pero en ese momento bien recibidos por los usuarios pues, no obstante incómodos, los desplazamientos resultaron más rápidos que en aquellos camiones trompudos de las líneas que hasta entonces operaban en Cuernavaca popularmente “bautizados” como Urbanos, Chapultepec (“chapulines”) y Emiliano Zapata (“chocolates”, les llamaban a éstos los usuarios por estar pintados de ese tono); Ometochtli, de Tepoztlán, Circunvalación Zacatepec, de la zona cañera, y otras cuantas empresas más en el resto del estado. Dicho así, de sopetón, parece que fue ayer… DEL buzón atrilero: “Los habitantes del municipio de Xochitepec sí tenemos tarifa preferente, gracias a la lucha organizada por nuestros representantes. Derivado de esa pugna, se consiguió que Capufe nos asignara una calcomanía tipo TAG. Sólo tenemos que comprobar que vivimos en el municipio mediante nuestra identificación del INE, algún comprobante de domicilio y la documentación de nuestro vehículo (…) Yo pago sólo 8 pesos de 46 que cobra normalmente la caseta de cobro instalada en Alpuyeca. Atte. J. Trinidad Ocampo Ocampo”… (Me leen el lunes).

José Manuel Pérez Durán
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