Perdidas desde hace décadas por causas de sobra conocidas, a Morelos le urge encontrar la paz y la tranquilidad. Lo deseable es que las autoridades generen condiciones reales de bienestar para los morelenses. Ojalá…
José N. Iturriaga integra en su libro la siguiente anécdota que también se puede leer en el libro autobiográfico del cineasta surrealista Luis Buñuel, el realizador de “Los olvidados”: “Con Nazarín, rodada en 1958 y en varios bellísimos pueblos de la región de Cuautla, adapté por primera vez una novela de (Benito Pérez) Galdós. Fue también durante este rodaje cuando escandalicé a Gabriel Figueroa, que me había preparado un encuadre estéticamente irreprochable, con el Popocatépetl al fondo y las inevitables nubes blancas. Lo que hice fue, simplemente, dar media vuelta a la cámara para encuadrar un paisaje trivial, pero que me parecía más verdadero, más próximo (…) En diversas ocasiones, productores americanos y europeos me propusieron realizar una película basada en ‘Bajo el volcán’, la novela de Malcom Lowry que se desarrolla íntegramente en Cuernavaca, sin poder imaginar una solución realmente cinematográfica (…) No obstante, John Houston hizo esa película años después, con el propio Gabriel
Figueroa atrás de la cámara…”. Y rodada también en Cuernavaca, podemos añadir…
La casita del “Señor de los Cielos” en Tetecala. Muy a tono con los tiempos de la violencia derivada del negocio del narcotráfico, “Cien forasteros en Morelos” consigna el testimonio del periodista de la televisión francesa Jean-Francois Boyer, quien describió así el rancho del Amado Carrillo: “Un león disecado, tendido negligentemente en el borde de un jacuzi al aire libre, una piscina perdida en un jardín de 14 mil metros, 12 recámaras con baños y jacuzis, tres cocinas, cinco comedores, un salón de billar decorado con dos enormes colmillos de marfil, un estacionamiento para seis coches (…) La Hacienda de la Luz era la perla del imperio inmobiliario constituido en unos años por Amado Carrillo. Una fortaleza protegida por un muro de seis metros de alto, una reja electrificada y 30 cámaras de vigilancia…”.
Caminos sin Ley. Pero no todas son descripciones idílicas de Morelos y su capital. El novelista inglés Graham Green se refirió en términos crudos y realistas a México, y específicamente a Morelos. El escritor recorrió este país en la primavera de 1938, y quizá le tocó ver retenes del ejército en el sur, por los conflictos postrevolucionarios y cacicazgos que aún se vivían en aquellos años, de manera que su descripción, hecha hace 87, parece de estos días, con soldados y policías federales en calles y carreteras a causa de la guerra contra el narcotráfico y las ejecuciones entre las bandas que hacen profética la expresión del inglés, al darle título a su diario de viaje por México. El malhumorado Green, autor de “El tambor de hojalata” y “Caminos sin ley”, sus apuntes del viaje por México que luego hizo novela, pinta de esta forma lo que llamó su atención: “Cuernavaca tiene por lo menos lo que no tiene Taxco, el interés histórico; aunque no tiene mucho más, salvo algunos excelentes hoteles, las casas de campo de los diplomáticos, lo que antaño fue el Palacio de Cortés (entregado a los políticos y a los frescos sentimentales de Rivera). Es la capital de Morelos –en un tiempo uno de los estados más ricos de México, arrasado y arruinado por la inútil insurrección de Zapata–, un lugar de fin de semana para los habitantes de la capital (Ciudad de México). Ahora se puede ir en taxi de Cuernavaca a la capital –unas sesenta millas– por dos chelines. Pero en México la historia tiene que ser muy antigua para que uno se sienta a salvo de su influencia; cualquier día esta carretera nueva puede volver a oír los mismos tiros, y en verdad, a lo largo de todo el camino entre Taxco y México, uno se encuentra con pequeños destacamentos militares que vigilan la carretera para que el turista pueda recorrerla a salvo, o casi a salvo…”. (Me leen mañana).
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