La detención de Ismael Zambada García, “El Mayo”, y Joaquín Guzmán López, “El Güero”, el jueves pasado en El Paso, Texas, dará todavía mucho de qué hablar. Eso es obvio. Pero de lo que trata este comentario es que en el pasado Morelos fue un refugio de grandes señores del narcotráfico. Una nota del periódico “Noroeste”, de Mazatlán relata una declaración de Edgar Valdez, “La Barbie” que refiere una cumbre de narcos en Cuernavaca efectuada el 8 de noviembre de 2005. El medio sinaloense cita nombres y alias de los asistentes: “El Mayo” Zambada, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera (padre de Joaquín Guzmán López), Juan José Esparragoza “El Azul”, Ignacio Coronel Villarreal, Gerardo Álvarez Vázquez “El Indio”, Heriberto Lazca “El Lazca” y Miguel Treviño Morales “El 40”. También Arturo Beltrán Leyva, quien cuatro años después sería abatido por la Marina en el conjunto residencial Altitud, el 16 de diciembre de 2009. Valdez dijo que en esa reunión hubo un intento de acuerdo entre las principales cabezas del narcotráfico de México para evitar que ocurrieran más homicidios y frenar la violencia. Sin embargo, añadió, la muerte de Arturo Beltrán desencadenó una serie de enfrentamientos y homicidios con el cártel del Pacífico Sur, que fue el nombre adoptado por la organización de los Beltrán Leyva al tomar el mando Héctor Beltrán y Sergio Villarreal Villagrán “El Grande”.
A propósito del tema del narcotráfico escribí el 28 de septiembre de 2003: Como fantasmas campean en Morelos los líderes del tráfico de drogas. Meses atrás, agentes de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) catearon siete inmuebles buscando al “Azul” y Vicente Carrillo Leyva “El Ingeniero”, hijo del extinto Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”. No los hallaron, aunque contaban con datos de su presencia y actividades. La prensa informó de los cateos, tuvo acceso a datos escuetos. Estaban en las declaraciones de testigos protegidos y la solicitud de los cateos a un juez de distrito por parte de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada (UEDO) de la Procuraduría General de la República (PGR). Una copia en poder del columnista refirió los lugares de la búsqueda infructuosa en Morelos del “Azul” y “El Ingeniero. Fueron cateados un rancho en Santa Rosa Treinta, municipio de Tlaltizapán; una casa en la carretera Zacatepec-Emiliano Zapata, una finca rústica en el poblado de Tezoyuca, una residencia en la colonia Rancho Cortés, una propiedad lujosa, de gran tamaño y bardas altas que habría habitado la hija del “Azul”, Nadia (o Nadia Patricia) Esparragoza; un predio rústico en el fraccionamiento Monte Bello de Huitzilac, una casa en San José Vista Hermosa y otra más en la colonia Lomas de Cortés. Sobre la casa de Huitzilac, la testigo protegida “Beatriz” declaró que en una ocasión, después de cenar, fue llevada por una señora de nombre Leticia Bahena a la mencionada residencia. Aseguró haber visto llegar a Juan José Esparragoza, a bordo de una Suburban azul con vidrios polarizados, sentado en la butaca del copiloto. Que la camioneta era custodiada por cuatro o cinco vehículos, y que al “Azul” (o “El Jefe”) ya lo conocía. Aseguró que en una ocasión anterior lo vio en un restaurant de Cuernavaca.
Los informes de los agentes de la AFI en los que el agente del Ministerio Público federal adscrito a la UEDO basó su pedimento para los cateos mencionó, de acuerdo a la testigo “Beatriz”, un laboratorio de droga en Santa Rosa al que los policías vigilaron y vieron que llegó un vehículo “ajeno al poblado” estacionado sobre la carretera. A los quince minutos “empezaron a pasar muchas unidades de la Policía Estatal Ministerial”, cosa que se les hizo extraña “debido a que el pueblo es muy tranquilo”. También vieron que “vehículos no propios del campo” entraban a la brecha de terracería y se dirigían al rancho. Gente del lugar describió a dichos vehículos tripulados por hombres vestidos con trajes. Según la declaración ministerial de un indiciado, en el rancho hay una pista de aterrizaje “con las medidas necesarias para el descenso de avionetas…”
En la primavera de 2000, la apertura del penal de Atlacholohaya y el consecuente cierre de la antigua Penitenciaría de Atlacomulco dieron paso a comentarios en medios políticos, que, verdad o mentira, llegaron a la prisión ubicada en la avenida Atlacomulco de la colonia Acapantzingo, citando a “un sinaloense simpático y generoso” que era el narcotraficante Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”. Según los internos, con otro nombre entraba y salía de la prisión ubicada en la calle Atlacomulco como Juan por su casa, hasta que en una de esas no regresó…
Desde aquellos días para “El Mayo” Zambada, Morelos no era desconocido… (Me leen mañana).
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