La agricultura norteamericana siempre ha dependido de la mano de obra mexicana para su desarrollo y prosperidad, jugado un papel muy importante en este movimiento histórico de trabajadores agrícolas migratorios la zona fronteriza de El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, Chihuahua.
A pesar de que más de dos millones de campesinos perdieron la vida en la Revolución Mexicana de 1910, el gobierno nunca les proporcionó los medios necesarios para sobrevivir trabajando sus tierras en comunidades rurales. Así que para fines de los años treinta, cuando los campos no rindieron lo suficiente y hubo hambre y escaseó el trabajo, el campesino tuvo que buscar otras formas de subsistencia.Esta grave situación coincidió con la repentina demanda de mano de obra en Estados Unidos debido a la Segunda Guerra Mundial. El 4 de agosto de 1942, los gobiernos de Franklin Roosevelt, de los Estados Unidos, y de Manuel Ávila Camacho, de México, instituyeron el Programa Bracero. El campesino mexicano tuvo entonces una alternativa a su pobreza al enrolarse de bracero, y al mismo tiempo, el acuerdo satisfacía la necesidad de brazos para trabajar en los campos agrícolas norteamericanos. Millares de empobrecidos mexicanos abandonaron sus comunidades y se trasladaron al norte buscando enrolarse de braceros. La mayoría eran experimentados trabajadores del campo que venían de lugares como la Comarca Lagunera, la más
importante región productora de algodón, y de otras áreas agrícolas altamente productivas.En unos cuantos años, muchos campesinos mexicanos dejaron de sembrar sus tierras, y de producir comida para sus familias con la ilusión de ganar dólares. Firmaron contratos de braceros que no entendían, pero que se les presentaba como la salida a sus problemas y a sus angustias. Fue un movimiento humano único en la historia de los dos países que alteró el ambiente social y la economía de la frontera.
Ciudad Juárezse convirtió en un sitio histórico del enganche y reclutamiento de la fuerza laboral agrícola mexicana. Casi una cuarta parte de los braceros cruzó por El Paso. Eran transportados en camiones al Centro de Procesamiento de “Río Vista”, donde los bañaban, los desinfectaban con extraños polvos blancos y luego los entregaban a sus patrones. De ahí, partían a las regiones agrícolas del suroeste y el norte de los Estados Unidos. En Texas, Colorado, Nuevo México y prácticamente por toda la nación plantaron y piscaron el algodón, el betabel de azúcar y muchísimos otros cultivos, recibiendo como pago menos del 50 por ciento de lo que ganaban los americanos. Una vez en los ranchos, los braceros quedaban a merced de sus patrones. Los rancheros de Texas y Nuevo México tenían fama de ser los peores explotadores. “Son los más perros”, decía la raza. El programa duró más de dos décadas. Fueron años de trabajo duro, angustia y sufrimientos sinfín. En os cincuenta los braceros trataron de organizarse para protegerse de tanto abuso y discriminación. La campaña organizativa tuvo lugar en El Paso, pero fueron reprimidos y el esfuerzo no prosperó. Los braceros sufrieron todo tipo de abusos y agresiones no solamente de patrones explotadores y de autoridades racistas. también fueron víctimas de grupos blancos extremistas como el Ku-Klux-Klan. En los sesenta terminó este programa bracero, y los mexicanos que ya no fueron necesitados, tuvieron que regresar a su tierra sin que les hubiera reconocida su valiosa contribución al progreso de EUA. Tal es hasta el día de hoy la ingrata retribución a los migrantes que con Donald Trump empeoró (Me leen mañana).
Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.
