En Cuernavaca el comercio ambulante data de al menos cuatro décadas. Igual que en otras ciudades, es una actividad fuertemente enraizada e imposible que desaparezca en tanto continúe siendo insuficiente la generación de empleos formales. El cuento de nunca acabar que juegan miles de familias de vendedores callejeros y compradores que los prefieren porque sienten que compran más barato que en tiendas que pagan renta e impuestos. El Nuevo Grupo Sindical, la organización que desde unos cuarenta años ejerce un cacicazgo de corrupción cobrando cuotas de protección a comerciantes semifijos, no niega los adeudos de sus representados, pero tampoco los insta a pagar puntualmente. Hace tiempo que debieron pagar entre dos mil y tres mil pesos mensuales, pero, practicantes de la cultura del no pago, difícilmente lo harán.

La solución al problema va más allá de sacarlos de las banquetas. El fondo del asunto es la subsistencia de miles de familias que se ganan la vida en el centro histórico, en otros espacios peatonales de Cuernavaca y de poblaciones del interior del estado. Y la tarea hasta ahora incumplida, buscar lugares adecuados para reubicarlos. Invadidas las aceras de Guerrero por vendedores de mercancía contrabandeada, inicialmente fueron metidos al Pasaje Degollado, entonces conocido como “Mercado de la Fayuca”. Comerciantes ambulantes siempre ha habido en las afueras del mercado Adolfo López Mateos y en los mercaditos municipales, de modo que sus utilidades “pintan” en el PIB de Morelos. El ambulantaje continuó surgiendo del desempleo, apoderado gradualmente de sitios alejados del primer cuadro hasta convertirse en semifijos. Fue así que la construcción del Pasaje Lido y el “reordenamiento” del Puente del Dragón sacó del Zócalo y de calles circundantes al comercio informal. Sin embargo, ante la persistencia de la falta de empleos formales, más familias vinieron engrosando el ambulantaje hasta formar parte del paisaje de la Plaza de Armas, el Jardín Juárez, Galeana, Matamoros, Guerrero y No Reelección. Se volvió punto menos que imposible cruzar el Puente del Dragón, y por un tiempo, la marabunta alcanzó la banqueta del hospital del IMSS de Plan de Ayala, donde docenas de comerciantes fueron desalojados. Fue ésta una tarea necesaria para la movilidad de la ciudad ejecutada por el Ayuntamiento, luego de que el personal médico llevaba años exigiéndolo por razones sanitarias. Complejo el mundo del comercio ambulante, practicantes sus integrantes de una cultura contraria a la formalidad y a los trámites burocráticos, resistentes a los cambios de su modo de ser y a su rutina de trabajo, para sus líderes representan dinero, mucho dinero, millones de pesos. Un fenómeno de múltiples aristas en el que hay patrones y empleados de puestos en mercados municipales y en el centro comercial ALM. Unos semifijos y otros ambulantes, la mayoría sin seguridad social: eloteros, vendedores de globos, etc., etc. Caras las consultas médicas y exorbitantes los precios de los medicamentos, se enferman y no tienen IMSS ni ISSSTE, así que les quedan tres opciones: empeñar hasta la camisa para poder ser recetados por médicos particulares, ir a los hospitales públicos o acudir a la medicina tradicional, incluidas yerbas, curanderos, brujos y charlatanes. Si suficientes empleos formales hubiera, no habría comerciantes informales.

Así las cosas, el último lamento de la Asociación de Comerciantes Establecidos Pro Centro Histórico, por la invasión de ambulantes en la calle Guerrero, será como las llamada a misa que suenan pero nadie atiende… (Me leen mañana).

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp