No habiendo fecha que no se cumpla ni capilla a la que tarde o temprano no le llega su fiesta, el partido Morena anunció que el lunes próximo será publicada su convocatoria para las y los aspirantes de nueve gubernaturas, entre ellas Morelos, y además la CDMX, Guanajuato, Jalisco, Puebla, Tabasco, Veracruz Yucatán. Una semana después, se registrarán como como precandidatos Víctor Mercado Salgado, Rabindranath Salazar Solorio, Juan Ángel Flores Bustamante, Rafael Reyes Reyes, Margarita González Saravia y Lucía Meza Guzmán. La lista es casi segura y, lejana la posibilidad de una sorpresa, la integran las y los que han venido siendo mencionados desde meses atrás, dos mujeres y cuatro hombres. Como también es probable que en Morelos la organización electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador compita aliado con el Partido Verde y el Partido del Trabajo. “En algunos lados iremos en alianza total, en otros iremos en alianza parcial, en otros no iremos en alianza”, aclaró el dirigente de Morena, Mario Delgado Carrillo. La convocatoria no incluye los requisitos que deberán cumplir los aspirantes: no mentir, no robar, no traicionar. ¿Quién de las “corcholatas” y los “corcholatos” de Morelos aceptan someterse al detector de mentirosas y corruptos? Nadie.
SEPTIEMBRE, mes de la patria. El escudo nacional y los colores verde, blanco y rojo mantienen en el ánimo de mexicanos y mexicanas su autonomía simbólica. Son la huella genética de nuestra mexicanidad, sin etiquetas, manipulaciones ni campañas patrioteras. Se trata del auténtico valor patrio del cual deberían al menos tener idea los políticos inescrupulosos. El emblema del águila y la serpiente la adoptaron los mexicanos de la civilización tolteca que tuvo auge, primero en Teotihuacan y después en Tula, entre los siglos IX y XII, es decir, entre los años 900 y 1200 de la era cristiana. En la mitología tolteca que luego adoptaron los mexicas para darle sustento filosófico e ideológico a su imperio, el águila es la gemela o nahual del sol, o sea, la energía creadora que da luz y calor. La serpiente es gemela o nahual de la Tierra, la madre y creadora de todos los sustentos. Nuestro escudo nacional invoca a la filosofía y la cosmogonía de las civilizaciones mesoamericanas que los mexicas condensaron, mágica y portentosamente, en esculturas vivas como la Piedra del Sol y la Coatlicue, que están en el Museo Nacional de Antropología de la CDMX. Al revalorar nuestro escudo nacional, invocamos a las fuerzas de la Tierra y el Universo para unificarnos con su energía, como lo hacían los toltecas dirigidos por Quetzalcóatl y los mexicas por Tlacaelel. Los mexicanos somos herederos de esa filosofía y visión del mundo, de nuestra tierra y la energía del sol. El poder de los guerreros toltecas y mexicas al grito de ¡Mé-xi-co!, debería ser una señal y demostración de poder espiritual para sacudirnos la apatía, la conformidad y la indiferencia. Pero no se crea que el grito surgió en los partidos de fútbol del Campeonato Mundial México ’70; ésa fue una demostración popular que, bien vista y mejor encauzada, pudo y debió tener mayor provecho que un festejo futbolero. La imagen de un águila parada sobre un nopal es la señal que los mexicas buscaron tras abandonar la tierra de Aztlán. El relato cuenta que Huitzilopochtli, su dios de la guerra, les ordenó fundar Tenochtitlan en el lugar donde hallaran a un águila parada sobre un nopal devorando una serpiente. Tal portento se encuentra plasmado en “la piedra que cuenta el nacimiento de México”, se llama Teocalli de la Guerra Sagrada y se puede visitar en la Sala Mexica del Museo de Antropología. En el Teocalli de la Guerra Sagrada el águila tiene frente a su pico el glifo de la guerra, llamado atl tlachinolli. Este último evolucionó de la original serpiente tolteca hacia el símbolo de la guerra de los mexicas. En el Teocalli de la Guerra Sagrada, el nopal sobre el que está parada el águila brota del cuerpo de una figura que representa a un personaje mítico llamado Cópil. Buscando aquí y allá, encontramos que, además del Teocalli de la Guerra Sagrada, el Códice Mendocino confirma la versión de que el águila real apresa una tuna con forma de corazón humano. “De modo que en la imagen y en los símbolos de la fundación de Tenochtitlán aparece asociada con el sacrificio de corazones humanos para alimentar al sol, Tonatiuh, la deidad nacional mexica”, señaló Alfonso Caso en su libro “El águila y el nopal”… ¡Mé-xi-co!, Mé-xi-co!.. (Me leen mañana).
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