El plan nacional antibaches del presidente Andrés Manuel López Obrador será ejecutado de manera: tripartita, financiado por la federación, los estados y los municipios. Las ciudades en las que taparán los baches serán elegidas de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), y de ello se encargarán los comités ciudadanos que vigilarán la correcta aplicación de los recursos (digo: para que los funcionarios de uñas largas no se los roben, como ha sucedido por años). Los trabajos empezarán en las capitales estatales y ciudades grandes. Seguramente AMLO pensó en Cuernavaca ayer cuando dijo en la mañanera: “Yo voy a los estados, a las ciudades y se me emparejan (en la camioneta) y me dicen: oiga, hay muchos baches”. Sobre baches sabemos un rato largo los automovilistas de la capital morelense. Aquí, lleva años sucediendo que de pronto la llanta del coche choca contra algo que el conductor no logra ver bien a bien pero le parece un pedazo de riel saliendo del piso que brilla en la oscuridad de la noche. ¡Pack! El golpe ha sido brutal, y la duda seguirá pues por seguridad decide que no debe parar. De hecho, pocos automovilistas lo hacen; a partir de las diez la mayoría maneja rápido, mirando temerosos a los lados, pasándose el rojo de los semáforos, espejeando atrás, alertas ante cualquier sospechoso. Teme: ¿se rompió la suspensión? Repararla le costará un ojo de la cara, no fue por su culpa pero como nadie le reembolsará el gasto de la compostura se conformará mentándole la madre al gobierno, aunque no gane nada más que desquitar el coraje. La superficie de Cuernavaca es de 151 mil kilómetros cuadrados, así que, descontada la parte deshabitada, a razón de cien baches por kilómetro de lo que estaríamos hablando es de unos quince millones de baches, bachecitos y bachezotes en nuestra tristemente llamada Cuernabaches. Por ponerle un número, multiplicado cada hoyo por quinientos pesos saldría el cálculo para taparlos. Un titipuchal de dinero que no hay ni ha habido en el presupuesto de Cuernavaca y puede que haya a partir del año próximo por medio del plan nacional contra los baches de AMLO, pero sólo si el Gobierno del Estado y los ayuntamientos electos fijan las partidas que les tocará aportar en sus leyes de egresos 2022. Detalló el Presidente: “Sería un plan para que, con una buena técnica, se vayan haciendo hasta calles de concreto, siempre y cuando se tenga drenaje, se tenga agua, y si lo deciden los vecinos, el gas”. Desde ahora desea la gente: ojalá. A propósito, ¿cuánto cuesta la reparación de una suspensión? Dependiendo del tipo de vehículo y del modelo, entre 5 mil y 10 mil pesos. ¿Cuáles son las ciudades con más baches? Fechada en abril de 2018, una nota del medio “Termómetro” resume: Si les preguntan a los hermosillenses qué está peor: la delincuencia, la efectividad del gobierno para atender problemas o los baches, más del 90% opina que los baches. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) realizada por INEGI, las ciudades de Hermosillo y Nogales, en Sonora, ocupan los primeros lugares a nivel nacional donde la población considera que el mal estado en calles y avenidas es una fuerte problemática en su ciudad. En Veracruz el 93.1% de la gente señaló también que los baches son un problema, seguido de Nuevo Laredo, donde el 88% de la gente que fue encuestada comentó lo mismo. Otras ciudades con problemas de baches –según la encuesta– son Tijuana, Mexicali, Tuxtla Gutiérrez… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 

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