Cercanas las elecciones del domingo 2 de junio, el triunfo de la candidata de Morena, Claudia Sheibaum, se aproxima como el segundo clavo que remachará el ataúd del viejo PRI; el primero le fue clavado en la elección presidencial de 2018. Pero el desenlace no se avizora igual en la contienda por la gubernatura entre Lucy Meza y Margarita González Saravia.
Va de cuento: Un domingo de hace 36 años para los mexicanos inició una etapa de convulsiones como no se habían registrado desde dos décadas atrás, con el Movimiento Estudiantil del ‘68.
Eso sucedió poco después del 6 de julio de 1988, cuando el sistema PRI-gobierno se negó a morir al más puro estilo porfirista para imponer en la Presidencia de la República al candidato oficial a como diera lugar. Seis años después, la presidencia de Carlos Salinas de Gortari terminaría con el asesinato del también candidato oficial, Luis Donaldo Colosio Murrieta, el 23 de marzo de 1994, y la sospecha nacional de haberse perpetrado un crimen de estado. Un magnicidio con todos los ingredientes que treinta y un años antes, en 1963, había marcado a Estados Unidos, asesinado en Texas John Fitzgerald Kenedy. Una presidencia priista emanada del engaño que buscó legitimarse con golpes espectaculares contra sus enemigos, como el cometido contra el cacicazgo de Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, el entonces dirigente del sindicato de Pemex. Un período presidencial de 1988 a 1994, estigmatizado por el asesinato de un cardenal, Juan José Posadas Ocampo; un dirigente priista ultimado a tiros, José Francisco Ruíz Massieu; la corrupción del “hermano incómodo” del clan Salinas y el fracaso del programa “Solidaridad”, grafiteado por la rebelión del Ejército Zapatista de Liberación de Nacional (EZLN).
El sistema se calló… y cayó. En 1988, Miguel de la Madrid estaba en el último año de su gris y devaluado mandato. El temblor del 19 de septiembre de 1985 había sacado al balcón la perplejidad e ineptitud del gobierno para organizarse en casos de emergencia. Surgió así la organización espontánea de la llamada sociedad civil. Las acciones de los tecnócratas delamadridistas de Harvard y Yale habían sumido en una grave crisis económica al país.
Los mexicanos estábamos hartos de las malas decisiones. Era hora de celebrar los comicios para los cuales contendieron Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (hijo del expresidente Lázaro Cárdenas del Río), por el PARM (Partido Auténtico de la Revolución Mexicana) y el PMS (Partido Mexicano Socialista), formando el Frente Democrático Nacional (FDN); Carlos Salinas de Gortari, por el PRI, Manuel Clouthier, por el PAN y Rosario Ibarra por el PT.
Tras saberse que Cuauhtémoc Cárdenas iba arrasando en la elección, misteriosamente el equipo de cómputo falló. En una entrevista Cárdenas narró: “En ese momento se cayó y se calló el sistema, es decir, el sistema oficial del cómputo electoral. Ese fue el momento en el que llegó la instrucción del Presidente, de no dar más información a la opinión pública sobre cómo estaban moviéndose las cifras electorales”. Manuel Bartlett niega haber dicho que el sistema se calló. “Yo jamás pronuncié esa frase ni dije que no habría más información. En realidad, fue el entonces representante del PAN, Diego Fernández de Cevallos, quien expresó durante la sesión de la Comisión Electoral que el sistema ‘se calló’, es decir, que se había callado, silenciado, porque no estaban fluyendo más datos”.
Aquella elección fue la inauguración de las llamadas “concertacesiones”, de la feria de los arreglos “en lo oscurito”. Aquí se dio el caso de que habiendo ganado el PRI la gubernatura con Antonio Riva Palacio, en marzo de 1988 (entonces no estaban empalmadas las elección estatal y federal), tres meses después perdieron los tricolores y Salinas con ellos… (Me leen mañana).
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