La vida de “Paloma” (Julissa) ya no sería igual después de conocer al “Estilos” (Óscar Chávez) en la película “Los Caifanes” (1967). Trata de una noche con pintas de degenerar en un “reventón” que al final no lo es, sino de travesuras inocentes, topados por la casualidad cuatro jóvenes proletarios con una pareja de novios “fresa”, “Jaime” (Enrique Álvarez Félix) y “Paloma” (Julissa), que son pillados fajando en el coche del “Estilos”, el jefe del cuarteto de muchachos de condición humilde. Atrevida la chica guapa, vestida a la última moda, dispuesta a la aventura de lo desconocido, al contrario de su novio, un bonito que se muestra reticente por lo que pueden hacerles los cuatro sujetos de condición popular. Sergio Jiménez es “El Capitán Gato”, Óscar Chávez “El Estilos”, Ernesto Gómez Cruz “El Azteca” y Eduardo López Rojas “El “Mazacote”. Los apodos no pueden ser más descriptivos: astuto El Gato, gordo y mal hecho El Mazacote, de rasgos indígenas El Azteca y elástico El Estilos, el guapo del cuarteto que además canta y es un caballero. Los seis se desplazan por la ciudad en un vehículo de la época con trompa de jeep y habitáculo de coche tipo sedán, apretados, ruidosos. Jaime insiste en que deben retirarse cuanto antes, pero Paloma se resiste una y otra vez. Al final las cosas no irán más allá de la travesura de ponerle un brasier a la estatua de La Diana Cazadora y, ya de madrugada, la ocurrencia de jugar “un rayo” (rato) metiéndose los seis en los ataúdes de una funeraria solitaria a la que toman por asalto. El estreno de Los Caifanes fue un éxito de taquilla, y en Cuernavaca hasta hoy evocada por clasemedieros de aquella época. Julissa venía con frecuencia, o tenía casa aquí como tantas celebridades de entonces, así que los lugareños solíamos verla con la admiración natural que despertaban las chavas guapas, pero hasta ahí. Quién sabe si la bella Julissa ya andaba de novia con el cantante Benny Ibarra, pero lo que sí, que por esos días los muchachos del proletariado de Cuernavaca llegamos a odiar al vocalista del grupo rocanrolero “Los Yaqui”. No entendíamos cómo podía tener una novia tan guapa como Julissa si él era más feo que pegarle a Dios. Dientón, flaco y desgarbado pero de cierta manera carismático, Benny vociferaba un rock and rol “agresivo”, al contrario del otro vocalista de la misma banda, José Luis Gazcón, con sus baladas románticas “Teresa” y “Cenizas” que sonaron fuerte pero no mucho ni durante tanto tiempo como años después resonaría en los ecos de México la voz de Óscar Chávez con las notas lánguidas y las palabras sentidas de “Por ti”. Es la canción con la que fue recordado el Caifán Mayor, la mañana del viernes 1 de abril de 2020 en Palacio Nacional, horas después de la tarde del jueves que se lo llevó el maldito coronavirus en el Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE. Fue esa una de esas veces que uno no puede evitar pensar: ¿por qué mueren personas buenas, como Óscar Chávez, y en cambio sobrevive gente mala como los sicarios, secuestradores, violadores, feminicidas? Hoy que continúa el asedio de corona virus, Dios mediante lo romperemos, como el 2 de mayo de 1812 José María Morelos y Pavón rompió el sitio de Cuautla. No es imposible. Para que la humanidad rompa el sitio del covid-19 cada día falta menos… (Me leen mañana).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 


Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.


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