Que Morelos, y por supuesto Cuernavaca, hayan cruzado del anaranjado al amarillo es una noticia alentadora pero no como para que nos descuidemos. La alerta por la pandemia continúa, va para larga y las precauciones no deben dejarse. La gente lo sabe, y sabiéndolo bien pareciera ocioso repetirlas: lavarse las manos al menor motivo, pretexto o razón, no salir ni a la esquina sin tapabocas, guardar dos metros de distancia entre persona y persona. Esa distancia más o menos larga que no es fácil en las “rutas” o en las filas de las cajas de los súpers, presente el hacinamiento en el centro comercial ALM y los mercados de colonias populares. Pero hay que hacer la lucha. Siendo los presidentes municipales el primer contacto entre pueblo y gobierno, son también a los que les ha tocado bailar con la más fea. Al nivel inmediato superior no lo ve la población. Caso de Cuernavaca, de los municipios considerado el más grande ante los vistos como medianos o pequeños. Cada uno en su circunstancia, mayor la problemática en la capital y las localidades conurbadas pues concentran la mitad de la población estatal. En este sentido, no se miente si decimos que el desafío para Antonio Villalobos Adán y Rafael Reyes Reyes ha sido inéditamente complicado, inesperadamente cambiante, y las medidas aplicadas según las condiciones que van mudando en situaciones que varían de un día a otro. Fuerte, sorpresiva fue la contingencia en los primeros días de uno de los mercados de abasto más grandes de la zona centro de México, el ALM. Por estos días de fiestas patrias debieron ser cerrados a la gente la Plaza de Armas, el jardín Juárez y calles circundantes. ¿Qué sigue? Mantener el orden, para si tenemos suerte y guardamos la disciplina seguir en el amarillo junto con Sonora, Chihuahua, Tamaulipas, Campeche, Quintana Roo, Chiapas y Tlaxcala. Disciplinaditos para vernos más bonitos, y que no nos pase como a Tabasco, Oaxaca y Guerrero que, optimistas, estuvieron dos semanas pintados de amarillo pero fueron regresados al vaivén del naranjado. Hacer caso a los llamados de Villalobos, de Reyes, y sobre todo no olvidar que la pandemia mata: 70 mil 821 defunciones confirmadas el domingo según los números de la Secretaría de Salud en el Palacio Nacional… EL “broncudo” entra a la cantina, barre a los clientes con una mirada de pocos amigos, quiere pelear pero nadie le hace caso. Grita, amenaza, vocifera. No lo escuchan, cada quien está en lo suyo, conversan, ríen. Desesperado, jala de los cabellos al borrachín que se ha quedado dormido en la barra, le abre un ojo con el dedo pulgar y le reclama: “¡tú qué me ves!”. Así el episodio de la estructura en el restaurante “El motivo”, en la cuesta de Hidalgo. No estorbaba, el establecimiento no violaba ninguna ley pero hicieron un escándalo como el borrachito peleonero del cuento. Una intrascendencia si no fuera por la hipocresía de los que buscan la paja en el ojo ajeno… GERARDO Ávila García, Wistano Luis Orozco García y Alejandro Vera Jiménez o lo que es lo mismo: cuando el destino finalmente los alcance. Sobre los tres ex funcionarios de la UAEM pesa la confirmación de la Sala Superior del Tribunal Federal de Justicia Administrativa sobre su responsabilidad “resarcitoria solidaria” en una parte de la estafa maestra. Lo que significa que, una: aparte recursos de defensa –si los tienen– más temprano que tarde estarán regresando una copa –resarciendo, pues– de hasta 239.3 millones de pesos, o dos, pagando don cárcel. ¿Cómo lo ve el pueblo? Una “piscacha” comparada con el monto de la gran estafa, 5.073 millones de pesos que mantienen presa a Rosario Robles, la otrora poderosa secretaria de Desarrollo Social de Enrique Peña Nieto que ni sudaba ni se acongojaba… (Me leen después).

Por José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com