Por años el gobierno le ha hecho creer a la gente que, aunque no como en la CDMX, el aire de Morelos está contaminado. Pero no hay que ser ducho en la materia para deducir la falsa alarma, y sacar en claro que el Gobierno del Estado se contradice. De acuerdo a los monitoreos de la Secretaría de Desarrollo Sustentable, muy rara vez se rebasa el límite de un contaminante, uno solamente. Sin embargo, esto no le dice nada a la gente común que, vuelta escéptica por las mentiras oficiales, sólo cree lo que juzga evidente. ¿Son estrictamente necesarios los centros de verificación automotriz? No. Para el gobierno representan un instrumento recaudatorio, y un negocio multimillonario para el o los propietarios de estas instalaciones. La pandemia del coronavirus lo vino a comprobar, los centros de verificación no han estado funcionado normalmente y, abiertos unas semanas y cerrados otras, se supone que los niveles de contaminación debieron incrementarse, pero si las personas no lo han sentido así es que poco o nada ha aumentado la concentración de sustancias contaminantes, como el bióxido de carbono.

Cosa que en un sentido o en otro puede confirmar la opinión de expertos independientes, no los “científicos” a sueldo del gobierno. Los centros de verificación de vehículos automotores que son propiedad de uno o de pocos empresarios ingresan cientos de millones de pesos. Las personas que hacen el trámite tardan horas, soportan molestias, dan testimonios de haber pagado “mordidas” para pasar la verificación. La mafia política que pasa sobre la salud de los morelenses mantiene abierto el negocio de los centros supuestamente anti contaminadores.

CUENTA la leyenda que fue en su finca de descanso, al sur de Cuernavaca, donde el presidente Lázaro Cárdenas del Río “se acuarteló” unos días para trabajar a detalle y en el mayor sigilo la expropiación petrolera. Años después, Cárdenas donaría la casa y sus terrenos para crear ahí el Internado Palmira para Niñas.

Los historiadores consideran que el 18 de marzo de 1938, la Revolución Mexicana llegó a su mayor grado de soberanía resolviendo de tajo el problema del petróleo que venía desde el siglo XIX. Es hora de retomar aquellas horas históricas, transcurridas ahí, en la finca Palmira, cuando el presidente Cárdenas diseñó con toda determinación la estrategia para defender el petróleo…

Próximos a ser entregados al pueblo los trabajos de restauración de la finca Palmira, esto deberá suceder a fines de esta semana o principios de la siguiente, según el anuncio de Román Meyer Falcón, titular de la Sedatu, el 16 de marzo cuando realizó una visita de campo en la histórica casa ubicada al sur de Cuernavaca, en los límites con Temixco.

Una cosa es posible: que venga el presidente Andrés Manuel López Obrador, y otra segura: que el personaje central del Gobierno del Estado “se adorne” presumiendo una obra que no hizo en un lugar cuya historia desconoce. La historia del barrio Internado Palmira está en https://www.ineel.mx. La síntesis cobra relevancia; vea el lector si no: Dice:

“Aquí florecían muchos frutos comestibles. La tierra fértil y la cercanía del río Apatlaco permitían el cultivo de caña de azúcar, el arroz, la guayaba, la naranja y la toronja. Había gran diversidad de árboles frutales, y no precisamente cercados, sino en el campo. Antiguamente existían pomelos, mandarinas, chicozapotes, mangos, limones, membrillos y nueces, y nadie se molestaba si alguien los cortaba, todos podían comerlos. Este barrio comprende desde lo que hoy es el puente de Palmira o la Plaza de las Guacamayas hasta la calle Humboldt: cuando se creó era un lugar hermoso, un edén…(Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán

jmperezduran@hotmail.com 

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