De las discotecas de fines de los setenta se acuerdan los viejos de Cuernavaca. “Los Veinte”, que luego fue “El Tabasco”, así, en masculino, en singular y en el mismo local de un costado de la gasolinería del DIF; “El Kaoba”, atrás del Palacio de Cortés, donde luego sería construida la sede del Tribunal Superior de Justicia, y “El Sandi”, donde hacen curva Rufino Tamayo y Humboldt. Habilitada esta última en una quinta que data de más de medio siglo, su inauguración fue un acontecimiento en la vida nocturna de entonces, adornados el corte del listón por la belleza de la actriz Claudia Islas y la concurrencia del jet set tlahuica. Pero “no pegó”, así que al poco tiempo cerró. De esa casona construida en dos niveles se decía que era de una viejecita que moriría intestada pocos años más tarde. Aparentemente sin parientes a quienes heredársela, la habitó una amiga de ella junto a su flamante esposo, con quien un mal día discutió y le metió un tiro, matándolo. Corrió entonces sobre la quinta una suerte de leyenda que el paso del tiempo borró. Estuvo abandonada hasta mediados de los noventa cuando el Gobierno Estatal se la apropió, y hasta hoy día permanece abandonada, valiosa no tanto por el estado de la construcción sino por su ubicación y el tamaño del terreno, de modo que, si como se dice no se la ha apropiado un notario mañoso, continúa siendo propiedad del gobierno…

Por años vino todos los inviernos huyendo del frío de la Urbe de Hierro. Disfrutaba aquí las navidades y los años nuevos, y no se regresaba a Nueva York sino hasta que allá dejaba de nevar y en Cuernavaca el calorcito de fines de febrero lo empezaba a molestar. Pero algo pasó que un diciembre no vino, otro tampoco y así hasta que pasaron cinco y no volvió aparecer. No obstante, vía giros telegráficos el gringo no dejó de mandarle al cuidandero su salario y dinero para la luz, el agua, el impuesto predial y el mantenimiento de la mansión. El noeyorquino era viudo, había muerto y no fue sino a los siete años que se había ausentado cuando se presentó su hijo único. Pero la “quinta” ya tenía otro dueño. Sucedió que el cuidandero se había amafiado con un notario transa que demandó el “despido injustificado”, obtuvo el remate de la propiedad, la compró en una bicoca, la revendió en veinte millones de pesos y el “cuidandero” sintió que se sacó la lotería con los cien mil que recibió. En la “transa” también tuvieron que ver funcionarios corruptos…

El primero que cerró fue el Cuernavaca Cinema, en la avenida Manuel Ávila Camacho, hace más de cuarenta años, y poco después corrió la misma suerte el originalmente llamado Cine Gloria que luego se llamó Cine las Palmas, en el boulevard Benito Juárez. El Cinema Cuernavaca y el Cine Gloria eran propiedad de un señor apellidado Martínez, de quien se contaba llegó a Cuernavaca procedente de Veracruz. Lo vi un par de veces en mi trabajo como linotipista de la imprenta América, de los hermanos Pablo y Fructuoso Quinto, en la cuesta de Salazar. Una mañana de fines de los sesenta Martínez llegó acompañado de una niña como de seis años –su hija, creo–, a llevar el dibujo para los programas que era impresos en papel revolución tamaño carta. Años después, el señor Martínez falleció, intestado, se dijo, y desde entonces las salas de los que fueran el Cuernavaca Cinema y el cine Las Palmas permanecen abandonadas.

Traigo a cuento lo anterior a propósito de lo siguiente: Reunida con integrantes de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, la gobernadora electa Margarita González Saravia informó que luego de una serie de encuentros de los grupos de enlace se ha detectado que el Gobierno del Estado cuenta con varias propiedades, incluidas algunas localizadas en otras entidades, por lo que González analiza la creación de un Fideicomiso Inmobiliario. Y de paso aprovecharlas para el pueblo, digo yo, por ejemplo, construir en el predio del ex Cinema las Palmas o en el ex Cine Gloria la arena de box y lucha libre que no tiene Cuernavaca desde que en 2009 desapareció la arena Isabel, en el boulevard Juárez. Y checar la versión de si un notario corrupto se apropió o no la quinta de la ex discoteca “Sandi”, y en caso afirmativo aprovechar para beneficiar a personas de la tercera edad, convirtiéndola en casa de día del DIF… (Me leen el lunes).

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