E n 1979 Nereo Bandera Zavaleta era el joven de 26 que tomaba posesión del cargo de presidente municipal de Temixco. Treinta y tres años más tarde repitió el cargo, por el mismo partido, el PRI, pero en circunstancias sociales y políticas abismalmente distintas. La organización tricolor había dejado de ser el partido aplanadora que ganaba de todas, todas; el PAN venía de ganar la gubernatura en 2000 y de retenerla en 2012, así que los panistas parecían estar en su mejor época pero en realidad se hallaban socialmente desgastados debido a las gestiones presidenciales de Vicente Fox y Felipe Calderón, aquél por el cambio que ofreció y resultó una farsa, y éste estigmatizado por el fraude electoral de 2006 y la guerra fallida contra el narcotrá- !co que costó docenas de miles de muertes. Fue, pues, natural la debacle panista así como que la masa de votantes buscara otra opción, esta vez llevando al PRD a la gubernatura que por tercera ocasión el PRI no pudo alcanzar, quedó en el cuarto lugar de la elección de gobernador, atrás del PAN y el PRD, encumbrado accidentalmente en el Ejecutivo un grupo de forasteros. Temixquense de cepa, Nereo nació en Acatlipa, de donde en los inicios de la década de los sesenta su padre Patricio Bandera Guerrero fue presidente del Comisariado Ejidal. Los senderos que ha andado y desandado Nereo son como los de muchos humanos. Comprenden llanos y barrancas, ríos y montañas, pesares y alegrías, con la diferencia que Nereo lleva medio siglo de desayunar, comer y cenar política, pura política más la que acumule a partir de ahora que es el virtual candidato del PRI a diputado local del V distrito. Esta demarcación abarca los municipios de Temixco, Miacatlán y Coatetelco, pero también los territorios de los comités seccionales números 567 y 568 que están en la colonia Lázaro Cárdenas de Cuernavaca. Detalle este último un tanto curioso y eventualmente ignorado por mucha gente de otras comunidades de Cuernavaca y Temixco, que tampoco saben que la ex hacienda sirvió como campo de concentración de japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Aquí un resumen breve, apretado, de un texto publicado por “El Universal” que coincide con testimonios transmitidos al columnista por hijos y nietos de antiguos temixquenses: “El señor Álvarez era muy joven cuando tres personas de origen japonés tocaron a la puerta de su casa. Dos de ellos identi!cados posteriormente como Toyo y Enrique Shibayama vivieron su infancia en ese sitio entonces convertido en un campo de concentración, muy distinto de uno de exterminio o de los instalados por la Alemania nazi para ciudadanos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. La historia de aislamiento para los Shibayama y otras familias japonesas comenzó con la ofensiva militar japonesa contra la base naval de Estados Unidos en Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Un mes después, tras la reunión panamericana de cancilleres en Río de Janeiro, Brasil, el gobierno de Manuel Ávila Camacho decidió concentrar a los ‘ciudadanos peligrosos’ de los países del Eje: Alemania, Japón e Italia. Un grupo de japoneses fueron concentrados en la ex Hacienda de Temixco en cuya super!cie de 14 hectáreas erigieron casas de madera, apiladas una tras otra, sembraron hortalizas y cultivaron arroz para su consumo. Kenji Hiromoto, nieto del doctor Manuel S. Hiromoto, lleva años de investigación sobre el origen de su abuelo, su estancia en el campo de concentración y las vicisitudes en el lugar. La comunidad japonesa, dice Kenji, estuvo con- !nada de 1942 a 1945 y vivía en la parte de los sembradíos donde ahora están las albercas del parque acuático”… Interesante para propios y extraños, una de esas historias morelenses de la que los políticos fuereños no tienen ni la más remota idea… (Me leen después).
Por JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN / jmperezduran@hotmail.com
