Peatonalizada entonces, los coches todavía podían circular alrededor de la Plaza de Armas. En los fines de los setenta, los hippies que ya tiraban para treintañeros merodeaban por el centro de la ciudad, atestados los fines de semana de lugareños y turistas tanto los cafés como los bares ubicados en sitios cerca nos al Zócalo, ausente la ola de chicas gringas que poco tardarían en llegar para los cursos veraniegos de español, previa la bienvenida a cargo de los “gabacheros” cachondos. Para los lugareños que ignoraban el acontecimiento que se acercaba, el 17 de marzo de 1977 parecía pronosticarse como un día normal, pero no para los reporteros de medios locales y corresponsales de periódicos defeños. Sabíamos que, procedente del crucero de Amayuca, la marcha de los “temoacos” había salido el día anterior y pernoctado en las proximidades de la colonia La Joya. La multitud irrumpió pardeando la tarde, incontables los hombres y las mujeres de los pueblos de Temoac, Popotlán, Huazulco y Amilcingo, al menos unos cuatro mil o seis mil que abarrotaron la explanada frente al Palacio de Gobierno liderados por el joven profesor Vinh Flores Laureano, quien el 7 de septiembre del mismo año sería asesinado en Tepexco, Puebla, junto con su tío Enrique Flores. Los “orejas” de la Policía Judicial y de la Dirección de Gobernación murmuraban que, oculto en la muchedumbre, asesoraba Ramón Danzós Palominos, líder del Partido Comunista. Eran tantos que no cupieron en el Salón Gobernadores, de modo que para la mayoría de las personas que se quedaron en la Plaza de Armas pusieron bocinas en los balcones para que escucharan lo que se diría adentro. La discusión duró varias horas. El diputado Jesús Bello Espíritu aconsejaba al gobernador Armando Bejarano que no cediera, que Temoac no tenía condiciones económicas para ser municipio, aunque sí legales en cuanto a población, pues, juntas las cuatro comunidades, satisfacían el requisito constitucional de tener diez mil habitantes. Pero Bejarano tuvo que doblar las manos, repitió su discurso demagogo de “la unidad morelense” y dijo sí a la erección de Temoac como el municipio 33 del estado de Morelos. Al día siguiente el decreto se publicó en un “alcance” al Periódico Oficial y la gente de Temoac se lo llevó, satisfechos, triunfantes, culminado su movimiento de separación del municipio de Zacualpan que habían iniciado casi un año antes y a dos del linchamiento de cuatro policías judiciales que, acusados de extorsionadores, fueron quemados vi vos en la pequeña celda de la Ayudantía Municipal de “Tatemoac”. Pactado el acuerdo consistente en turnarse cada trienio el cargo de alcalde entre los cuatro pueblos, el primero resultó ser un temoaquen se llamado Eustorgio Abúndez y el segundo Nabor Barrera Ramírez, quien sería asesinado en la carretera Huazulco- Amilcingo, sólo 24 días después de haber asumido el cargo… Esta historia la trajo a cuento la historia de la creación de cuatro municipios que le tocó al entonces gobernador Graco Ramírez: Xoxocotla, Cuentepec, Tetelcingo y Hueyapan, desprendidos respectivamente de Puente de Ixtla, Temixco, Cuautla y Tetela del Volcán… (Me leen mañana).
