Los termómetros marcan veintitantos grados el mediodía de diciembre de 2010 que observo el Palacio de la Moneda en Santiago de Chile. No hace ni frío ni calor. Busco con la mirada los agujeros de las balas que ya no están en la fachada. Han pasado décadas del golpe de estado que tiró al gobierno socialista de Salvador Allende. El guía de turistas que el día siguiente nos lleva a mi mujer y a mí al puerto de Valparaíso y a la cercana Viña del Mar presume el paisaje de hileras interminables de arbolitos de uvas. A una de mis preguntas responde que nunca ha visto los hoyos de las balas en la fachada del histórico edificio.

Los santiagueños conocen de memoria la historia de la infamia. Los golpistas comandados por el general Augusto Pinochet dispararon miles de balas y, entre el suicidio del valiente o la rendición del cobarde, Allende optó por lo primero. Publicada en el periódico electrónico “Opinión”, el periodista Emir Sader recreó la escena. Escribió: “Allende se negó sistemáticamente a entregarse a los golpistas, hasta que a las 2 de la tarde los cazabombarderos británicos empezaron a disparar sobre el Palacio de Moneda, que comenzaba a estar envuelto en un denso humo”. (Los cazabombarderos del imperio asesino de la reina Isabel II).

Por años los partidarios de Pinochet aseguraron que Allende no se suicidó, sino que cayó muerto por balas pinochetistas. El artículo del periodista Emir Sader subraya el testimonio del forense Francisco Etxeberría, quien participó en la autopsia practicada al cadáver de Allende: “No tengo ninguna duda de que fue un suicidio. La evidencia documental, testifical y pericial lleva a ello”. Sader recordó: “Allende se negó sistemáticamente a entregarse a los golpistas, hasta que a las 2 de la tarde los cazabombarderos británicos empezaron a disparar sobre el Palacio de Moneda, que comenzaba a estar envuelto en un denso humo. Mirando ese escenario, sabíamos que Allende no sobreviviría y que con su muerte se moría también la democracia, que en Chile apenas había tenido dos breves interrupciones desde la estabilización de la independencia con Portales, en 1830. Tenía el arma sujeta entre las piernas y el cañón apoyado en la barbilla. Fue la única salida que vio Salvador Allende tras más de cinco horas atrincherado en el Palacio de la Moneda, adonde había llegado en su Fiat 125 un poco más tarde de las siete de la mañana, cuando el Ejército ya había tomado la ciudad y la traición de sus generales era un hecho”.

El 11 de septiembre de 1973 que se consumó la traición del golpe de Estado contra Allende, las campanas de la Catedral de Cuernavaca tocaron a duelo. Don Sergio Méndez Arceo, quien poco después se reuniría en la Catedral con la señora Hortensia Bussi viuda de Allende, era el VII obispo de Cuernavaca. Como exiliada política, Hortensia Bussi viajó a México junto a su familia, alojándose en la Casa de Chile en el entonces Distrito Federal, desde donde comenzó su recorrido por varios países denunciando violaciones de los derechos humanos por parte de la dictadura militar del general Pinochet. Hortensia Bussi moriría el 18 de junio de 2009 en su casa de Santiago, acompañada por sus hijas Carmen Paz e Isabel.

La tarde de este día el presidente Andrés Manuel López Obrador volará a Colombia para reunirse con el presidente Gustavo Petro, y el 11 estará en Santiago de Chile con el presidente Gabriel Boric, para el cincuenta aniversario del golpe de estado. Además, sostendrá un encuentro con chilenos que se exiliaron en México a raíz del golpe de septiembre de 1973… (Me leen el lunes).

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