En algunos lugares y momentos parece que no hay covid, que nunca hubo. Muchas personas andan por la vida sin tapabocas y hace tiempo que dejaron de lado la sana distancia. Se apretujan por gusto o necesidad. Viajan hacinadas en las “rutas”, camionetas tipo combi o microbuses carcachas gracias a la autoridad corrupta. Comparten fiestas como sucedía hace pocos años, de bodas, arrejuntes, quince años, onomásticos. Brindan codo con codo, las parejas toman de la misma copa, los enamorados bailan “de cachetito”, los enemigos reconciliados se abrazan. Las imágenes en la Cuernavaca de nuestros pecados son también de señores de edad avanzada sentados en el Jardín Juárez conversando, de a dos o tres por banca porque éstas no alcanzan para todos. Por fortuna los “indisciplinados” son los menos y más la gente responsable. Pero, perdonando la expresión, a todos el uso del tapabocas nos tiene hasta la madre. Sofoca, acalora, asfixia, incomoda, pues. Sientes que te ahogas y que el aire te hace falta, por las mañanas vas al trabajo y llevas dos, el puesto y otro de reserva. Comprarlos se convirtió en parte del presupuesto familiar. Hay de todos los colores y diseños: rosas para ellas y blancos para ellos, pero también negros, de los caros o de los baratos, con o sin logotipos de marcas cual exhibidor publicitario. A diferencia de otras ciudades –Puerto Escondido, por ejemplo–, en Cuernavaca la autoridad no ha cobrado multas en efectivo a los que caminan por la vida como Juan por su casa, sin el adminículo odioso. Tampoco pagan su falta con cárcel o trabajo comunitario, digamos, tapando baches de los que aquí tenemos para dar y prestar. Y tanto relajamiento por la vacuna. Las mujeres y los hombres que tienen una dosis sienten seguridad, eso es bueno, y mejor todavía las personas que ya se pusieron las dos. (Tratándose de un negocio mega súper archi recontra multimillonario, poco tardará la Organización Mundial de la Salud para imponer una tercera dosis). Mientras tanto, celebremos que hoy el mundo está mucho mejor que meses atrás. En mayo de 2020, en México la Secretaria de Salud reportó mil 678 casos de coronavirus, contra los 990 casos de estos días. Dicho en números redondos, con una población de 120 millones de mexicanos ya han sido vacunadas 66 millones, 47 tienen dos dosis y 19 millones una. Nada que ver con hace año y medio. Avanzamos pian, pianito, pero lejos estamos aún de echar las campanas a vuelos… LA FURIA de los dueños de las tiendas de las equis frente a la reforma eléctrica del presidente Andrés Manuel López evidencia la desesperación de la derecha. Aseguran que sus establecimientos son abastecidos por fuentes renovables a través de contratos con cinco parques eólicos en el país; que por eso sus tiendas pagan poco por la luz eléctrica. Para no decir que mienten, lo que no confiesan es cuántas de sus tiendas consumen energía eléctrica proveniente de fuentes tradicionales, y si pagan o no lo mismo o menos que los consumidores particulares. No por nada el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, expuso que la reforma eléctrica de Andrés Manuel López Obrador fortalecerá la desaparición de contratos de autoabastecimiento, “lo que significa que las grandes cadenas comerciales y tiendas de autoservicio tendrán que adquirir la energía a la CFE”. La iniciativa de la reforma eléctrica sacó de quicio a la derecha… A LOS “analistas” que incluyen al cuernavacense Luis Arturo Cornejo en la lista de aspirantes a gobernador de Morelos les aclaran que hace años se le pasó el avión, y tildan de locos a quienes aseguran que Pablo Ojeda Cárdenas también quiere ser gobernador. Pues sí… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán jmperezduran@hotmail.com
