“Aquí siempre tenemos presente que una motocicleta con un pasajero varón es sinónimo de sicarios y peligro”. La frase corresponde a un sujeto llamado Eduardo Rojas León, la dijo en 2012 en Medellín, Colombia, de donde era secretario de Seguridad, pero la pudo haber dicho en Morelos, hoy, hace meses, usado como ha sido con impunidad creciente por sicarios el método de la motocicleta para asesinar a personas y regularmente huir sin ser atrapados. Un problema debido en parte a la indolencia de la autoridad para el que no se necesita inventar una solución, pues ya existe y, además, con una eficacia que está probada y recomprobada. Mientras tanto, la política vuelta burocrática. En mayo pasado, el secretario de gobierno, Pablo Ojeda, aseguró que el Poder Ejecutivo elaboraba una iniciativa de ley “que en breve sería presentada” para, entre otras cosas,  prohibir que dos personas viajen en motocicleta. Presumió: se aprovecharán “las mejores prácticas internacionales” y experiencias de otros países, como Colombia que ha padecido el mismo fenómeno delictivo. A este respecto recordé algo que es archisabido: En Medellín, Colombia, la tierra del capo del narcotráfico Pablo Escobar Gaviria, por décadas las motocicletas han sido una herramienta mortal utilizadas por sicarios para acercarse a sus víctimas. Se desplazan en parejas, el conductor y el matón se ponen a un lado de su objetivo, el sicario le dispara y se alejan rápidamente. Las autoridades colombianas han combatido exitosamente los asesinatos en motocicletas, exigiendo que los motociclistas usen chalecos reflejantes y cascos donde muestren los números de sus placas. Durante los primeros diez meses del 2012, Medellín registró 176 asesinatos en motocicletas, lo que representó el 15% de todos los homicidios, de acuerdo a una declaración de Eduardo Rojas León, secretario de Seguridad de Medellín en 2012. En la misma época, para disminuir la cantidad de crímenes en los cuales se usaron motocicletas el alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria Correa, firmó una ley piloto que prohibió que, incluidos los niños varones, los hombres viajen en motocicletas como pasajeros entre las 8 a.m. y las 10 p.m… El columnista no estaba –no está– descubriendo el agua tibia. Pero sí alardeando, días después, la Comisión Estatal de Seguridad (CES) una supuesta o real revisión de 92 mil 196 “motos” por medio del “Operativo Moto Segura” realizado entre diciembre y mayo cuando fueron infraccionados cinco mil motociclistas y disminuyeron 40 por ciento los homicidios perpetrados por matones en motocicletas. La CES presumió mil 544 “operativos preventivos”, en puntos de control quizá invisibles pues la gente común no los vio, de ellos no habló. Mientras tanto, los ataques criminales continuaron: Noche del sábado 1 de junio. En la colonia Lázaro Cárdenas de Xochitepec, una pareja que viajaba en una camioneta fue balaceada por cuatro sujetos que se desplazaban en dos motocicletas. Ambos fueron hospitalizados. En Cuernavaca, el martes antepasado un taxista y su acompañante fueron tiroteados por sujetos en motocicleta cuando se les emparejaron en la avenida Universidad. Eran las 23 horas. El copiloto falleció en el lugar de la agresión, y el ruletero llegando al hospital. El día siguiente, agentes de la Policía Morelos detuvieron a un mozalbete de 17 años en Cocoyoc. Conducía en sentido contrario una “moto” robada por calles de la colonia Lucio Moreno… Probablemente debido a  que por parte tanto de funcionarios del área de seguridad como de diputados del Congreso local no ve acción y oye puras declaraciones alegres, es que el “super” delegado federal, Hugo Éric Flores Cervantes, insiste en la propuesta de reforma “la ley” –¿cuál exactamente, la de Transporte u otra?– para la revisión obligatoria –si la ponen en la ley será  “voluntariamente a fuerza”– a individuos que, sospechosos no, viajen de a dos en motocicletas. Encarrerado, en una de las reuniones del gabinete de seguridad alabó los “arcos de seguridad”, pero señaló que nomás hay dos; habló de que se analiza el “sellamiento del estado”… (Me leen el lunes).

José Manuel Pérez Durán
[email protected]