El despido de personal del Ayuntamiento de Cuernavaca les brinda la ocasión a los adversarios del alcalde Antonio Villalobos para golpearlo mediáticamente, sí, más. Pero a los oportunistas de la desgracia se les olvida el “pequeño” detalle de que el gobierno estatal podría aplicar la misma receta por la misma enfermedad de la anemia económica causada por la pandemia del maldito covid. No es deseable pero sí lógico, y también la obviedad de que nadie le gusta perder el empleo, que se necesitaría estar loco para decir lo contrario, que el ingreso del trabajo es imprescindible para la manutención de la familia. Eso por un lado, y por otro, que la cuerda no daba para más, amenazaba reventarse pronto, ya, ahora, de modo que dadas las circunstancias el cabildo aprobó el ajuste de personal y el presidente municipal debió hacer de tripas corazón para concretar la medida. Fue, dijo en entrevista, una decisión para dar destino y viabilidad a Cuernavaca; señaló que la reestructuración administrativa de la Comuna ahorrará cien millones de pesos y ello permitirá garantizar la prestación de servicios a la población. Les recordó a los políticos amnésicos: “Fueron veinte años de pagar favores electorales los que engrosaron la nómina del ayuntamiento”. En el contexto de las secuelas económicas por la pandemia, como presidente municipal de Cuernavaca a Villalobos le tocó tomar una decisión, que será histórica, sobre el presente y el futuro del funcionamiento de la ciudad. Remachó: “es la decisión tomada”. El mal viene de tiempo atrás, como de manera recurrente ha comentado el columnista que coincidió con Villalobos en una entrega reciente: el problema empezó hace dos décadas, agudizado, añadí, sucesivamente a partir de la administración panista de 1997-2000. Cité la síntesis coloquial de un trabajador pensionado “El desmadre arrancó con el PAN”. Y resumí: continuó con el regreso del PRI y la aparición del PES que luego gobernaría la capital, heredándole al Villalobos de Morena 4 mil 400 trabajadores. El 52 por ciento son pensionados y jubilados, y activos el resto agrupados en cinco sindicatos contra uno de tres décadas atrás. Ello explica un retazo de la crisis sobre la crisis de la Comuna capitalina, en la que, si las finanzas ya andaban arrastrando la cobija, la pandemia del cólera virus llegó para darle la puntilla. No obstante, la administración de Villalobos ha sido solidaria, pagando salarios completos a trabajadores de base, manteniendo la prestación de los servicios públicos, cumpliéndole a la sociedad que, dijo hace diez días, “es el verdadero patrón”. Al admitir haber tomado “decisiones que pesan sobre mis hombros”, se refirió a los despidos de trabajadores que, aunque aprobados por el cabildo, no por inevitables dejan de ser un drama para los hombres y mujeres que han perdido el empleo. Pero si la suma de trabajadores se incrementó, también el número de sindicatos, cinco en lugar de uno que tampoco han salido baratos por problemas como los laudos millonarios por despidos de empleados que se volvieron costumbre a partir del año 2000 cuando el PAN se hizo con el Gobierno del Estado. Conocedor del asunto, pues lo vivió un tiempo largo, Alejandro Villareal Gasca, el ahora ex secretario estatal de Finanzas, en mayo de 2017 reconoció que por esos días la Comuna de la capital ya había aumentado el número de sus trabajadores en un 150 por ciento. Apuntó entonces que el total de empleados que tenía el ayuntamiento era de mil 980, “unas cifras que vinieron aumentando hasta cinco mil”… (Me leen después).

Por José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com


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