Los chillidos de las ratas traspasan las paredes. Son miles, y para que el sol se asome deberán pasar todavía tres horas. Los roedores deambulan por entre las butacas destartaladas, caminan frenéticas sobre la alfombra deshilachada, compiten por comida, recorren de orilla a orilla y de lado a lado la sala de abajo y la localidad de arriba del cine que hace años permanece abandonado en la calle Ávila Camacho. Un rayito de luz que se cuela por algún resquicio de las paredes de la sala ruinosa rompe por un segundo la oscuridad de la madrugada. ¿Asustan ahí? ¿Existen fantasmas en el sitio tétrico? ¿Hay personas de ese rumbo que han escuchado voces del más allá? Lo que sí, que en Cuernavaca subsisten varias propiedades abandonadas, como esta del cine que se llamaba igual que nuestra ciudad, arriba de la Carolina, y el cinema Las Palmas, al que su dueño le puso el nombre de Gloria Almada, la esposa del gobernador Armando León Bejarano, a una cuadra de a glorieta del Niño Artillero.
Además de esos cines que fueron fundados en el segundo tercio de los setenta y pocos años después dejaron de funcionar, está el predio del que fuera el hotel Xochiquetzal, abandonado hace varias décadas. Va de la calle Leyva al boulevard Juárez, bordeando la cuesta de Abasolo, y poco menos o poco más mide como una hectárea. Desde afuera no se ve la alberca, probablemente vacía, o fangosa el agua fétida. Tampoco es visible el jardín, si acaso lo hay, invadida de yerba seca la colina que se desliza desde el área de habitaciones hasta el portón del boulevard. Descarapelado, el muro por el lado de Leyva revela restos de una construcción de adobe. ¿También ahí hay fantasmas que asustan o sólo es refugio de vagabundos que se pasan de vivos?
Cuatro décadas atrás, justo en el punto donde termina la avenida Humboldt y arranca la calle Rufino Tamayo hubo una discoteca. “Sandi, se llamó. Su inauguración fue un acontecimiento en la vida nocturna de aquel entonces, adornado el acto del corte del listón por la belleza de la actriz Claudia Islas y concurrido el evento por el jet set tlahuica. Pero “no pegó”, así que poco tiempo después cerró. De aquella casona construida en dos niveles se decía era propiedad de una viejecita que moriría pocos años más tarde. Intestada y aparentemente sin parientes que la heredaran, fue habitada por una amiga de la anciana y su flamante esposo con quien un mal día discutió y le metió un tiro, matándolo. Corrió entonces sobre la quinta del muro alto y la privada de junto empedrada una suerte de leyenda de terror que el paso del tiempo borraría. Estuvo abandonada hasta 1994, cuando el Gobierno Estatal la rescató. Hasta el día de hoy, desde la calle se ve aparentemente deshabitada, ruinosa pero valiosa no por la calidad y la edad de la construcción sino por las dimensiones del terreno y su ubicación. Salvo que de la antigua quinta se haya posesionado la típica mafia inmobiliaria integrada por abogados transas y notarios corruptos, debe estar en la lista de casas y terrenos que componen la reserva territorial del Gobierno del Estado.
La pregunta es: ¿podrán y querrán en el ayuntamiento que pronto encabezará José Luis Urióstegui Salgado recuperar para la ciudad las citadas y otras propiedades que permanecen olvidadas y darles un uso de beneficio social? No lo creo... (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán jmperezduran@hotmail.com
