No queriendo interrumpir el jolgorio, los dos jóvenes que cargaban el arcón tampoco se decidieron a pedir un vaso de agua para mitigar el calor y la sed que a leguas se les notaba. Descansaron unos minutos de su carga y enseguida preguntaron por un hospedaje para pasar la noche. Los celebrantes de bailes y cantos, incluso ocupados en las barricas que recién habían llegado se acomidieron a informar a los jóvenes cargadores sobre la casa de doña Agustina Andrade, quien les alquiló una habitación amplia y bien iluminada donde se dispusieron a descansar. Mientras, colocaron el arcón dentro de la misma habitación sobre una mesa de madera.

Al amanecer los jóvenes se prepararon para marcharse, pidiendo a doña Agustina les cuidara el arcón en tanto resolvían otro asunto en un pueblo cercano. Pasaron varios días y doña Agustina estaba muy intrigada, pues los dos jóvenes no regresaban, de modo que decidió guardar el baúl y esperar el regreso de sus dueños. Una de esas noches, la posadera pasó por la habitación y escuchó una música muy suave, despertó a sus hijos e hijas y todos la oyeron. Poco después notaron un resplandor y perfume de sándalo saliendo de la misteriosa caja.

Pasados tres meses de la llegada del baúl, de una u otra manera los vecinos se enteraron del portento. Entre dudas y temores, la mayoría del pueblo y la misma doña Agustina acordaron notificar del extraño caso de la caja abandonada que exudaba música, luz y aromas florales.

En aquel año estaba al frente de la orden franciscana del monasterio y templo de la Asunción de María (hoy Catedral de Cuernavaca) Fray Pedro de Arana, quien buscó al alcalde mayor de Cuernavaca para que juntos verificaran los hechos que les reportaron los habitantes de Tlaltenango. Pueblerinos, autoridades civiles y eclesiásticas llegaron hasta la casa de doña Agustina, ocuparon la pieza donde estaba el para entonces ya famoso arcón, cerraron puertas y ventanas…y se verificó de nueva cuenta el portento de música, luz y aromas florales brotando de la caja. Fray Pedro de Arana se sintió designado por el cielo para abrir el arcón. La expectativa crecía entre los concurrentes. Grande fue la maravilla al abrirlo y mostrarse su contenido que resultó ser la imagen de la Virgen María, a la cual de inmediato se le nombró De los Milagros por el magnífico despliegue de portentos que precedió a su aparición. De inmediato se procedió a organizar una fiesta de bienvenida para la Señora del Cielo, por lo que el 30 de agosto de 1720 se inició un novenario para consagrar tan dichosa aparición.

Por la historia anterior y los milagros que la fe popular le atribuye a la Santísima Virgen de los Milagros de Tlaltenango es que está para pensarse si es viable llevar la feria a otra parte y mantener los actos litúrgicos en el templo y atrio del Santuario. Faltan sólo cuatro años para el tricentenario y es necesario tener, al menos en perspectiva, una alternativa para mantener la tradición sin afectar a los reclamantes…

TEPALCINGO. La historia del Señor de Tepalcingo es más sencilla. Una niña se encontró en un apantle la figura de Jesús, de 20 centímetros, se adjudicó y certifico el milagro por las autoridades eclesiásticas y comenzó el culto al Señor de Tepalcingo. Esta práctica de adoración no sustituyó al tianguis que se realiza desde tiempos de los toltecas en Tamoanchan (hoy Estado de Morelos), es decir, unos dos mil años antes de Cristo. Tepalcingo era un mercado donde confluían rutas de mixtecos y zapotecos, toltecas de Teotihuacan y después Tula, mayas de Veracruz y Chiapas y de Tenochtitlan y, claro, de los reinos tlahuica de Cuauhnáhuac

y Oaxtepec.

Conocida como el “tianguis del trueque”, por conservar el uso del comercio de intercambio de productos, es la feria de más tradición en Morelos. Su fiesta inicia el Tercer Viernes de Cuaresma, y a la celebración llegan peregrinos de Oaxaca, Guerrero, Puebla, Tlaxcala, estado de México, Jalisco y Michoacán. Se representan las danzas de los Conduros, los doce pares de Francia, los Tecuanes y los Chinelos. Hay (o había) venta de ganado mayor y menor. Las artesanías le dan color y policromía a la feria, resaltan las figuras, vasijas y cajitas de Olinalá, Guerrero, trabajadas con habilidad en la madera aromática de linaloe.

La feria está dedicada al Señor de las Tres Caídas o Jesús Nazareno, es el acontecimiento más importante del año, y además de ser la primera feria religiosacomercial del estado de Morelos, la cuarta más importante de México y la primera feria popular más grande del país tipo tiaquixtli o tianguis.

Conclusión: aparte el taponamiento vial, la conservación de estos elementos culturales y de identidad morelense bien vale la alteración durante una semana de la vida cotidiana en el otrora pueblito de Tlaltenango y en Tepalcingo… (Me leen mañana).

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