El sol pegaba a plomo aquel mediodía de 1987 en Los Altos de Morelos. “El camión del gobernador”, le llamaba la gente que veía pasar el autobús en el que se desplazaba Lauro Ortega Martínez. El viejo político prefería la primera butaca, exactamente atrás del respaldo del chofer, por seguridad o para ir viendo el panorama. Parado junto a él iba el capitán Moisés Maislín Leal, director de la policía preventiva estatal, atento a la palabra de don Lauro los funcionarios e invitados distribuidos en los asientos de en medio y atrás. De pronto el autobús paró a pocos metros de los arcos de piedra de la entrada al pueblo de San Carlos. “¿Qué pasa?”, inquirió sorprendido el Gobernador. Vestía un traje azul cielo, fresco, de tela delgada propia para el calor tropical de Morelos lo mismo que el pantalón al estilo de entonces, con el cinturón abrochado arriba de la cintura y la corbata de nudo ancho con la punta metida en el pantalón. Alertado por la radio, poco tardó Maislín para informarle a don Lauro que un grupo de lugareños había bloqueado la carretera. 
Desde adentro del autobús alcanzamos a ver un puñado de hombres y mujeres en actitud beligerante. Fiel a su estilo e tomar al toro por los cuernos, Ortega bajó del camión y encaró a los manifestantes. Estaban encabezados por el ayudante municipal Agustín Alonso Mendoza, y querían unos “topes” abajo de los arcos de la ex hacienda. Alonso le explicó a Ortega: para que frenaran los autos particulares, camiones de pasajeros y de carga, y no siguieran atropellando a la gente que cruzaba la carretera. Ortega accedió, le dijo a Agustín que de inmediato ordenaría la construcción de los “topes”. Hecho lo cual, la gente aplaudió y retiró el bloqueo. Pequeña la obra en términos del monto de inversión pero socialmente útil, la reacción de Ortega fue una muestra de la sensibilidad social que no es característica de muchos gobernantes. 
Ahora que, si se trata de obras grandes, las que Ortega hizo en Yautepec trascendieron a las nuevas generaciones. Es el caso de la ampliación a cuatro carriles de la carretera del Cañón de Lobos, construido entonces el tramo del carril que corre en el lecho del Cañón de Lobos, que se extendía a la entrada oriente de Cuernavaca y con el paso del tiempo llegaría hasta Cuautla. Y además de otras, la transformación de las colonias de esa zona, destacadamente La Joya, donde Ortega hizo innumerables obras. Sirva lo anterior a manera de preámbulo para la primicia de que el por nada tres veces alcalde de Yautepec, Agustín Alonso Mendoza, proyecta una estatua de Lauro Ortega Martínez. Para ello, abrirá una convocatoria a los escultores de Yautepec, y el que gane el concurso esculpirá la estatua. El columnista puede informar que la licemciada Ana Laura Ortega, hija del en opinión de muchos el mejor gobernador que ha tenido Morelos, recientemente fue informada de este proyecto por Agustín y reaccionó con beneplácito. Hijo de don “Pepe” Urióstegui Román, el creador de la colonia La Joya, el alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, será informado sobre este asunto. 
Vale la anécdota: Lauro Ortega dio un manotazo. Explotó: “¡Dígale a su jefe que los morelenses nos valemos por sí solos!”. Y dio por terminada la reunión en el salón de juntas del Palacio de Gobierno. Lo escucharon los del gabinete y los reporteros que cubríamos el evento, que lo fue en el sentido gramatical de la palabra por la eventualidad que ahí se dio. Pero sobre todo lo oyó, sorprendido, el subsecretario que había enviado el jefazo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Daniel Díaz Díaz. El ingeniero civil de las tres “dés” presumía saber de mecánica de suelos, y se resistía a la ampliación a cuatro carriles del tramo Cañón de Lobos en la carretera Cuernavaca-Cuautla. Alegaba cuestiones técnicas, se hacía el remolón, obstaculizando los recursos federales que don Lauro ya había gestionado con el presidente Miguel de la Madrid. Pero, viejo y habilidoso, el político-político se montó en su macho. Pragmático, detestaba a los tecnócratas. “A estos burócratas todo se les va en papeles y pretextos”. Así que comenzó las obras en el lecho del Cañón de Lobos con dinero del Gobierno Estatal… que más tarde le reembolsaría la federación. Pero contra el pronóstico de la SCT, el nuevo tramo no se hundió ni los taludes se derrumbaron... (Me leen después).


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