El hombre sentado sobre la batea de la patrulla pick up viste jeans y playera negra, apoya ambas manos en las rodillas, observa al policía que le ha quedado enfrente. La mujer más o menos joven que está sentada a su derecha también está enfundada en una playera oscura, dirige su mirada arriba, como implorando ayuda al cielo. Otro policía que permanece abajo de la caja parece indiferente, haciendo un trabajo de rutina. Un uniformado más que tiene un pie abajo y el otro apoyado en la defensa de la camioneta está a punto de subir. En otra imagen aparece una mujer policía, joven, morena, esbelta, con el peinado de cola de caballo saliéndole de la cachucha. Un muchacho de playera blanca y “mariconera” cruzada al pecho, observa curioso la escena. Al fondo se ven dos vehículos pasar, y en la parte superior de la imagen el verde del follaje de árboles. Nada extraordinario en la que a simple vista parece ser la típica fotografía de una femenina y un masculino que han sido detenido y serán llevado a prisión. Pero no esta vez. El sujeto de playera nagra es ni más ni menos que el ex alcalde de Jiutepec, Manuel Agüero Tovar, mientras la dama que lo acompaña es citada en las notas rojas como Mayra Adriana “N”, la apoderada legal del negocio de comida denominado “La Casa de la Arrachera” ubicado en Tlahuapan que fue clausurado la tarde del sábado. No tenía licencia de funcionamiento, días atrás ya había sido clausurado pero indebidamente el o sus dueños (Agüero y Myrna) lo reabrieron, así que la tarde del sábado volvió a ser cerrado por inspectores de la Dirección de Industria, Comercios y Servicios. Pero la pareja de marras se resistió, se olvidaron de que ya no son influyente. Las crónicas del suceso narraron que ella y él se pusieron muy groseros, que el inspector que iba al frente del operativo llamó a la policía, que Manolo y Mayra fueron detenidos y al rato salieron libres pero no sin antes pagar sendas multas. En minutos pasaron de la gloria en que se sienten los seudo influyentes al infierno de personas comunes y corrientes. Aunque nadie escarmienta en cabeza ajena, sirva esta pequeña historia de ejemplo a la soberbia de funcionarios federales, estatales y municipales que tarde o temprano perderán el poder y volverán a ser unos Agüeros cualquiera… CON el permiso provisional para circular que se ha vencido sacan otro, al mes siguiente uno más y así sucesivamente. A miles de automovilistas con unidades mayoritariamente de precios modestos, los permisos les resultan más baratos que pagar por las placas y verificar. Total: no existe el impuesto de tenencia vehicular, y así los automotores no pierden valor, pues ya no acumulan deudas por “tenencias”, como antes les sucedía a los morosos. Por eso la proliferación de changarros de gestoría vehicular dedicados a vender permisos y tramitar placas. “Coyotes” establecidos en locales más o menos formales que tienen derecho a ganarse la vida, lo cual no es malo, pero sí cuando al ser laxos los requisitos para obtener los permisos éstos pueden documentar vehículos robados. Los permisos son emitidos por ayuntamientos guerrerenses y cuestan menos de cien pesos. Por años han sido vendidos en las llamadas “casas de gestión” que con más están diseminadas en colonias populares. Han venido creciendo de número y, presumible la complicidad de funcionarios de pasadas administraciones de la Secretaría de Movilidad y Transporte así como de ayuntamientos de Cuernavaca y municipios del interior, fue necesario el cambio de administración de la capital para combatir esta irregularidad. El secretario de la Comuna citadina, Erick Santiago Romero Benítez anunció la realización de operativos de revisión en los establecimientos de gestores de dichos permisos. Señaló que los recorridos de inspectores serán parte de las acciones federales de prevención implementadas en la Mesa Regional de Coordinación por la Paz del presidente Andrés Manuel López Obrador. ¿Cuándo? Pronto, por estos días, dadas por seguras las clausuras de “changarros” que carecen de licencia de funcionamiento. El asunto no es cualquier cosa, podría estar vinculado al robo de vehículos automotores que en México es altísimo. De acuerdo a la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, 2018 fue el peor año de la historia en robo de autos en el país. Reportado en noviembre el récord de 94 mil vehículos robados y una pérdida de 14 mil millones de pesos, diciembre habría cerrado con alrededor de cien mil unidades hurtadas, 4.44 más que en 2017 cuando las bandas se apoderaron de 90 mil vehículos a nivel nacional… (Me leen mañana).

José Manuel Pérez Durán
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