El último que lo intentó tampoco pudo echar a volar el aeropuerto de Tetlama. Persiguiendo vaya el lector a saber qué clase de intereses, el ahora ex jefe de la oficina del Gobernador, José Manuel Sanz Rivera, porfió dos años. Presumió reuniones con directivos de la empresa Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), y alguna gacetilla del Gobierno del Estado refirió una coordinación con la Consultoría de ASA en la que “abordaron proyectos que podrían ponerse en marcha para el próximo 2022 con líneas aéreas”. Fueron dos años de cuentos que no convencieron al presidente Andrés Manuel López Obrador, enfocado como ya se encontraba en el proyecto del aeropuerto Felipe Ángeles que inauguró el 21 de marzo pasado. El 5 del mismo mes Sanz, renunció, presuntamente empujado por Ulises Bravo, y hoy día es un misterio si permanece en México o regresó a su natal España.
De los aeropuertos de provincia, el de Cuernavaca ha resultado el “patito feo”. El de Cancún, que es sólo diez años más antiguo que el nuestro, es también el segundo más importante del país por cuanto a número de vuelos nacionales y extranjeros. El número uno es el AIM de la CDMX, el de Toluca está en un segundo aire tras pasar cinco meses sin vuelos comerciales de pasajeros que reinició junto con el arranque de este mes ofreciendo vuelos a Guadalajara, Tijuana, Puerto Vallarta, San José del Cabo y Huatulco, y a fines de julio a Cancún y Monterrey.
Mientras, el aeropuerto de Tetlama lleva 34 años dando tumbos en la paradoja de tan cerca del cielo y tan lejos de Dios, es inútil la cercanía con la metrópoli más grande y poblada del país, comunicado por carretera libre y autopista de peaje pero ahuyentadas las líneas aéreas por la escasez de pasajeros. Por tres décadas volaron unos cuantos meses, aguantaron lo más que pudieron, pero todas acabaron aventando la toalla. Una solamente duró un poco más, Aerolíneas Internacionales.
Lejos quedó el 15 de abril de 1988, cuando el presidente Miguel de la Madrid vino a una gira y, acompañado del gobernador Lauro Ortega Martínez y el secretario de Agricultura y Ganadería, Eduardo Pesqueira Olea, se tomó la foto en el desde su inicio llamado Aeropuerto Mariano Matamoros. Entonces, durante unos meses voló de Cuernavaca a Huatulco el bimotor de la empresa Aeromorelos que por falta de pasajeros terminó instalándose en la capital de Oaxaca. Sacada del aire en 2003 por la Dirección de Aeronáutica Civil, Aerolíneas Internacionales fue la que mayor tiempo permaneció. Después vinieron Mexicana de Aviación, Aerocaribe y Aeroméxico, pero se fueron como llegaron, escasos los pasajeros a Guadalajara, Tijuana, Monterrey, etc. Una a una bajaron la cortina, y sin embargo la terminal fue remodelada, presumidas para ello sumas millonarias durante la administración de Marco Adame Castillo. Otras que más tardaron en llegar que en irse fueron Viva Aerobús, Volaris y Transportes Aéreos Regionales.
Pero si no aviones de pasaje porque los viajeros seguirán optando por la amplia gama de vuelos desde la CDMX en cuyas dos terminales circulan anualmente unos treinta millones de personas, teóricamente quedaría la opción de traer naves de carga que descongestionen el tráfico aéreo del Valle de México. Lo malo es que jamás construyeron bodegas, y al no haber terrenos disponibles en las cercanías habría que hacerlas un tanto lejos, lo cual entorpecería las maniobras de carga, descarga y transportación terrestre. Lástima, Margarito… (Me leen mañana).

Por: José Manuel Pérez Durán
/jmperezduran@hotmail.com 


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