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Cuernavaca, MORELOS.- La feria de Tlaltenango ha regresado, como cada año, con su sabor y color. Entrando por la parte superior, se pueden encontrar las ollas de barro, con sus detallados bordes y su tradicional color marrón; si continúas caminando podrás encontrar el local de don Raúl Fuentes, que desde Michoacan llega puntualmente a Cuernavaca desde hace 50 años; vende catrinas de barro, chicas y grandes, 70 a 450 pesos. Caminas un poco más y encuentras pulseras y collares de diferentes colores, tamaños y bordados. Justo enfrente de éstas se encuentran los exquisitos elotes, que se cuecen lentamente en un pequeño comal juntos a la olla de esquites.
Desde los puestos de pan de feria, las jovencitas gritan “de nata, queso, doble nata, de naranja y nuez”, y ofrecen un pedazo  para atrapar al cliente con su tradicional sabor; los que hacen algo similar son los conocidos de “Barbacoa doña Bertha”, donde te hacen quedarte a comer un taco o un consome tratándote bien. Pero si de vender hablamos, los que venden trastes y colchas son los reyes del mercadeo, ya que con micrófono en mano te anuncian los precios y las ofertas del momento, la feria de Tlaltenango no sería nada sin las personalidades tan variadas de los locatarios que todos los años buscan su lugar en esta feria.

9 días restan a esta feria, cuyo día principal es el 8 de septiembre.

Únicos. Los elotes hervidos o asados, y los esquites, ya están listos en esta feria que congrega a miles cada año.

Visita. Apenas se instalaron los puestos, y los  morelenses ya visitan esta feria que ofrece artesanías y alimentos.

Vistoso. El barro, uno de los materiales más antiguos y de mucha demanda, está seimpre presente en las ferias en jarros, cazuelas y ollas.

Por: Valeria Ortega /  [email protected]