Desde hace años, el Fideicomiso ha sido objeto de cuestionamientos sobre el manejo de sus recursos, la ejecución de obras y los supuestos beneficios para la comunidad y el entorno del llamado “mar de Morelos”. Sin embargo, las solicitudes formales de información parecen caer en un pozo tan profundo como el lago mismo. Y la respuesta oficial: “No hay personal suficiente en la Unidad de Transparencia”.

Es decir, la ley existe, pero su cumplimiento se subordina a la disponibilidad de manos que la apliquen. Como si la Ley de Transparencia fuera opcional y dependiera de la plantilla laboral del momento. Lo más irónico es que para justificar esta falta de respuestas no se necesita un ejército de burócratas, sino simplemente voluntad política y respeto a los derechos ciudadanos.

Porque seamos claros: la transparencia no es un favor que el gobierno nos concede, sino una obligación establecida en la Constitución y en las leyes locales. El acceso a la información pública es un Derecho humano, y que se condicione a “no hay suficiente personal” es tanto como decir que la justicia no se imparte porque el juez anda de vacaciones.

La opacidad en el Fideicomiso del Lago de Tequesquitengo no es un asunto menor. Estamos hablando de un instrumento que administra recursos públicos, supuestamente destinados al rescate ecológico, infraestructura turística y desarrollo social. Cada peso que entra y cada peso que sale debería estar registrado, accesible y sujeto a escrutinio. Pero en la práctica, el lago se ha convertido en un espejo que refleja lo que el gobierno quiere que veamos: una postal bonita para atraer turistas, pero con el fondo turbio de las cuentas sin aclarar.

Es preocupante que en pleno 2025, con plataformas digitales, portales de datos abiertos y sistemas automatizados, se siga usando excusas que parecen sacadas de los años 80. La falta de personal no impide subir documentos a un portal, ni mucho menos cargar archivos ya existentes. Si acaso, impide que los ciudadanos nos enteremos de cómo y en qué se gasta el dinero de todos.

Lo más grave es que este tipo de prácticas erosiona la confianza pública. La opacidad es el mejor fertilizante para que florezcan los abusos, los contratos inflados, las obras fantasmas y las promesas incumplidas.

Frente a este panorama, no basta con indignarnos desde la comodidad de nuestras redes sociales. Necesitamos políticas públicas más agresivas y eficaces en materia de transparencia. Se requiere fortalecer las Unidades de Transparencia con personal capacitado, pero también con mecanismos automáticos que garanticen que la información fluya sin depender del humor o la disponibilidad de un funcionario. Es imperativo que los informes financieros del Fideicomiso del Lago de Tequesquitengo sean publicados de forma periódica y detallada, sin esperar a que un ciudadano interponga un recurso ante el Instituto Morelense de Información Pública.

Por su parte, las autoridades deben entender que rendir cuentas no es un gasto, es una inversión en legitimidad. La transparencia reduce los riesgos de corrupción, mejora la eficiencia en el uso de los recursos y fortalece la democracia. Si de verdad queremos que el Lago de Tequesquitengo siga siendo un activo turístico y no un monumento a la opacidad, hay que empezar por abrir las ventanas y dejar entrar la luz.

Y aquí es donde entra la ciudadanía. La participación no se limita a votar cada tres o seis años; implica vigilar, exigir y cuestionar. Los fideicomisos públicos, por su naturaleza, suelen ser cajas negras difíciles de auditar. Pero si los ciudadanos organizados, medios de comunicación y organizaciones civiles presionamos de forma constante, las autoridades tendrán que entender que esconder información no es una opción viable.

Porque la transparencia no se pide por cortesía: se exige por derecho. Y si se sigue usando la excusa de que “no hay personal”, tal vez haya que recordarles que para violar la ley tampoco se necesita mucho personal… solo la decisión de hacerlo.

El Lago de Tequesquitengo merece aguas limpias, pero también cuentas claras. No podemos permitir que la falta de transparencia se convierta en la norma. Ni que las autoridades crean que sus omisiones pasarán inadvertidas. ¿No cree usted?

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

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