Mientras el secretario de la gubernatura pide a los ciudadanos que no les dé miedo salir a la calle, el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro y Castro, pidió un cambio a la estrategia de seguridad.
Sanz Rivera exhortó a los ciudadanos a salir a las calles y espacios públicos sin miedo, ya que no pueden permitir la intimidación, lo que representaría la pérdida ante los hechos delictivos.
“El ocultarte, encerrarte en un sitio, no conduce a nada. Conduce a perder esa guerra que estamos enfrentando contra la violencia. La violencia hay que enfrentarla de cara, de frente, y salir a los espacios públicos, salir a la calle y disfrutar con nuestras familias”, advirtió.
Por lo anterior, confirmó que en Morelos se cuenta ya con el respaldo de la Policía Federal y la 24ª Zona Militar en materia de prevención del delito, aunque se sigue en espera del arribo de la Guardia Nacional, se han tenido reuniones constantes con la Federación. Destacó que las autoridades estatales están de acuerdo con la estrategia de seguridad que maneja el Gobierno Federal.
Ante el ataque armado el pasado miércoles, en pleno centro de Cuernavaca, indicó que podrían buscar reforzar la seguridad en Palacio de Gobierno, ya que a diferencia de otros estados este edificio que alberga al Poder Ejecutivo estatal siempre ha sido un espacio público y abierto; sin embargo, sería momento de considerarlo.
Por su parte, el obispo de la Diócesis de Cuernavaca dijo que el pueblo está cansado de que en 13 municipios los delincuentes piden derecho de piso; reprochó los niveles de violencia en todo el estado, y urgió aplicar un cambio en la estrategia de seguridad que logre resultados efectivos.
“Decimos basta de sangre, basta de asesinatos, basta de robo, basta de derecho de piso; estamos cansados. No ha mejorado para nada la seguridad, está creciendo a nivel federal y estatal y nos preocupa”, expresó el jerarca católico. Y fue claro al señalar que “es necesario una estrategia de seguridad efectiva, el pueblo está cansado, sabemos que en 13 municipios de Morelos piden derecho piso, hasta la señora que vende tortas y tacos es amenazada”. Ante la zozobra de la población por el incremento en los hechos de violencia, llamó a la ciudadanía a perder el miedo “y salir a las calles y orar por la paz”.
De la misma manera, el vicario de la Diócesis de Cuernavaca, Tomás Toral Nájera, coincidió en la necesidad de modificar la estrategia de seguridad, ante los lamentables hechos que vive la entidad.
“Ya no es sólo una violencia de noche, ya no hay un respeto por la ciudadanía, el mensaje es ya basta, pero no sólo a las instituciones gubernamentales, sino a todos, porque necesitamos unirnos para hacer acciones reales para responder a esta violencia y es urgente la construcción de la paz”; consideró que la estrategia contra la delincuencia no ha funcionado, por ello, debe replantearse un cambio.
La verdad es que la situación está cada día más difícil y, a pesar de los esfuerzos, la delincuencia crece porque al parecer esto no se va a detener con un mayor número de policías en las calles, ni con soldados saludando en los restaurantes, sólo se puede detener con una verdadera estrategia integral, con el trabajo de los gobiernos federal, estatal y municipal; hay que cerrar todos los negocios rojos que funcionan no nada más en el centro de la ciudad, ahora detrás de un hospital. Y a cien metros de una de las primarias para niñas de Cuernavaca con turno matutino y vespertino funciona una emborrachaduría llamada El Mercadito, cuyo dueño ha de ser muy influyente porque, a pesar de violar todas las reglas, el negocio sigue abierto. El hospital tiene más de 70 años y creo que la Pestalozzi más de cien, y poco les importa a las autoridades; en los alrededores de Cuernavaca hay cientos de cantinas de cerveza que, sin permiso, funcionan toda la noche en contra de la ley, pero no las cierran porque les tienen miedo a las autoridades auxiliares, a los ayudantes municipales, y permiten que el crimen siga haciendo de las suyas.
Varias medidas de orden deben de ser tomadas, la autoridad municipal debe de ayudar, no nada más quejarse de que no la tratan bien; es importante que todos trabajen unidos junto con la ciudadanía, para acabar con este gravísimo problema.
Ya lo he dicho ¿por qué no seguir el camino que tomó Medellín Colombia, que fue considerada la ciudad más peligrosa del mundo y ahora es un paraíso con la mayor seguridad?
Gástense un poquito y compren el libro “Del miedo a la esperanza”, de Fajardo, para que copiemos lo que ha dado resultado; dejemos las declaraciones y solucionemos el problema. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin