Antes que nada, creo que es importante señalar que en la ceremonia de apertura nunca se trató de una parodia de la Última Cena, eso es mentira, sé que no entendieron por eso tan radicales respuestas mire usted: La mujer sin cabeza es María Antonieta, que fue decapitada al ser declarada culpable de alta traición y robo al pueblo de Francia y lo que vieron en la televisión no es lo que se imaginan, representó una bacanal que antiguamente en Grecia se llevaban a cabo antes de los Juegos Olímpicos, así que no tienen nada que ver con el tema religioso.
Las famosas Bacchanalias es una fiesta incontrolable y promiscua, extravagante y ruidosa para honrar al dios Baco el dios del vino, fiestas que duraban en la antigua Grecia varios días, podíamos verlo de azul cubierto de la vid con uvas quien también es conocido como Dionisio el dios griego de la fertilidad, más tarde conocido como dios del vino y del placer.
Finalmente, no fue la muerte de un caballo pálido. Fue Sequana, diosa del Sena, el río en el que tuvo lugar la precesión del barco, ella estaba destinada a ser la representación del espíritu olímpico y de Sécuana.
Así que nada que ver con la Última Cena, maravillosa de Leonardo el grande y menos con religión.
Pasando a otra cosa después del tercer lugar de las mexicanas en el tiro de arco, siendo esta ciudad una de las más bellas del mundo, salir de noche en París es realmente extraordinario, el sol se oculta después de las 9:30 de la noche, los cafés tradicionales en las aceras de las inmensas calles de amplias están a reventar, la vida nocturna como en todas las capitales increíbles del mundo es sensacional, puedes encontrar lo que quieras, sea complicado o simple, todo existe en la ciudad luz, así alumbra a todos los que de una manera u otra la recorremos.
Ayer frente al maravillosos museo de Louvre, en donde el fuego olímpico continua ardiendo, en una plaza repleta de turistas de todas las nacionalidades, escuchas todos los idiomas mientras los asistentes, o muerden su baguette o le dan un trago a la botella de vino y muchos sorben los ricos helados, hay de todo, para todos los niveles económicos, hay quienes llegan a la Langostería, uno de los grandes restaurantes de la capital francesa, vistiendo ropa carísima de diseñador en grandes automóviles, que no son comunes, aquí se usan los automóviles pequeños pero hay quienes derrochan dinero y se les nota, suben a comer langosta azul o cangrejo de Alaska grandes patas y quienes están felices con un baguette de jamón y queso, que son buenísimos, aquí todo se mezcla, la seguridad está dada, la policía y el ejército los encuentran en cada esquina y los proveedores de servicios están pendientes de todo el que les soliciten.
No hay como sentarte a tomar un café en los negocios que llenan las banquetas, a donde puedes desde un simple café o la cena más opípara, de todo hay, en todo y para todos, la belleza de la ciudad su limpieza y las reglas estrictas que todo mundo respeta hasta los mexicanos, hacen de ella lo que es una ciudad de luces, todo está iluminado, la Torre Eiffel se yergue de manera impresionante con una iluminación total ante toda la ciudad, el Sena iluminado, con sus Batobus llenos de paseantes, que al ritmo del arpa o de violines recorren el ya famoso río, las maravillosas edificaciones todas iluminadas para que el turista se lleve una impresión maravillosa de lo que es esta ciudad, así, de noche París nos recibe a todos.
Desde París, Francia, Teodoro Lavín León, enviado especial de Diario de Morelos.
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