Pocos en Morelos son los que en verdad se dedican a la cultura con tanta pasión como lo ha hecho la periodista y maestra en historia Lya Gutiérrez Quintanilla, quien refrenda ese sentimiento con su excepcional trabajo de tesis: “Los distintos rostros de Guadalupe, desde su origen hasta llegar al corazón de México”.

 

Ahí, Lya recorre el pasado y nos enseña el porqué la Virgen de Guadalupe ha sido un factor de estudio para historiadores, científicos y religiosos que han intentado descifrar el enigma que representa su imagen.

 

En su texto, la maestra en Historia señala: “Para comprender la trascendencia y magnitud de la labor que los misioneros y evangelizadores comenzaron a realizar tan pronto como llegaron a la Nueva España, resaltaré la grandiosidad del imperio azteca o mexica, desde sus orígenes hasta su máximo esplendor, en vísperas de la conquista de México”. Como nos podemos dar cuenta, va a la raíz del pueblo mexicano para señalar su importancia y la fe que profesaban a sus dioses como la Coatlicue entre los más destacados.

Porque, para entender el fenómeno guadalupano, nos señala que es necesario remitirse a dos o más vertientes, por una parte, como lo señalamos, a los tiempos prehispánicos y, por la otra, a la Península Ibérica desde el siglo I D.C. en España, ya que nos explica que, de hecho, en la provincia de Guadalupe, en Cáceres, Extremadura, desde el siglo XIV se erigió el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, que con el tiempo, en 1993 para ser precisos, fue declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Para su trabajo de investigación, Lya nos dice: ”…por ende, para llegar al fondo de los hechos, manifiesto que en este trabajo de investigación conté con una base documental, en la cual no dejé de lado la incorporación de entrevistas y demás elementos audiovisuales desde el punto de vista indígena, a través del único documento escrito en lengua náhuatl a mediados del siglo XVI, llamado Nican Mopohua, bellísima pieza de la narrativa indígena de esa época, atribuida a un sabio azteca mexica -ya cristianizado-, que era alumno y a la vez maestro en el Colegio de la Santa Cruz de Tlaltelolco”.

Y continúa con frases como la de Francisco Maza, quien decía que “podemos ser o no católicos, pero todos los mexicanos somos guadalupanos.”

Asimismo, Lya recorre la historia del pasado de la imagen desde la Madre Patria, la aparición en México y todos y cada uno de los antecedentes que la han hecho ser el símbolo más importante de la religión católica en México y en gran parte de América Latina, así como en Estados Unidos de Norteamérica.

Nos hace entender el enfrentamiento de los “misioneros que en su labor espiritual se enfrentaron a dioses autóctonos difíciles de vencer, fueron testigos y ellos mismos supieron y presenciaron el nacimiento del llamado sincretismo mesoamericano”.

En verdad un estudio por demás necesario e interesante que, desde luego, dará mucho de qué hablar en los próximos años y que catapulta a Lya como una de las grandes investigadoras, historiadoras y periodistas de nuestro país.

El trabajo de investigación de Lya es excepcional y le trajo el aplauso del jurado que le dio Mención Honorífica además del título de maestra.

Y éste sólo es el primer paso de lo que recibirá por esta investigación verdaderamente excepcional, que va a ganar muchas más batallas en el mundo de los estudios acerca de la historia.

 

Por eso es que quiero felicitarla, no sólo por este trabajo maravilloso e importante para entender la fuerza de la guadalupana, sino por ser la mujer excepcional que es y por haber creado una familia ejemplar, con tres hijos extraordinarios que son su orgullo y su razón de vivir.

 

Felicidades, querida amiga, tu paso por el Seminario de Cultura Mexicana te llevó a ser presidenta emérita, porque tu trabajo como periodista te ha significado muchos triunfos, y desde luego muchos golpes; pero, siendo una mujer incorruptible, siempre has triunfado a pesar del ataque de los políticos. Sé que pronto terminarás el doctorado para ejemplo de muchos. Un abrazo cariñoso de hermano, desde el fondo de mi corazón.

Merecidos los elogios a Lya Gutiérrez Quintanilla por su amor a la cultura y a la mexicanidad. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León

lavinleon@gmail.com
Twitter: @teolavin

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