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Dicen muchas cosas, leen muchas estadísticas, pero en la vida diaria nos enteramos cada día de que la inseguridad sigue haciendo mella en Cuernavaca, y ayer una de nuestras amigas con la que compartíamos la mesa nos decía que le han robado dos veces en la casa, que la vaciaron y la dejaron sin ningún electrodoméstico; pero que, a pesar de ser una profesionista independiente, ha decidido no comprar y reponer ninguno de éstos porque sabe que no tiene seguridad en su hogar y que, para empeorar las cosas, la semana pasada la asaltaron a media mañana en plena calle dos jóvenes -con un picahielo y un desarmador- quienes no sólo le quitaron su dinero, el celular y las pocas pertenencias que llevaba, sino que además la maltrataron de manera soez. Esa misma semana, a la madre de uno de los jóvenes profesionistas que trabajan con este servidor suyo la asaltaron a la una de la tarde en la avenida Ávila Camacho. A la pobre señora, que pecó al querer ir a pagar el agua y la luz, le arrebataron su dinero, una cadena y su reloj, y después de propinarle algunos golpes la dejaron tirada en la calle. Desde luego, aquí no pasa nada; pero ayer, en la revisión médica que regularmente me hago en el Distrito Federal, uno de los médicos me preguntaba que cómo me iba en Cuernavaca, porque un paciente de él le había contado el día lunes que él vivía aquí y se regresaba a la Ciudad de México, ahora que podía inscribir a sus hijos en la escuela, pues era imposible vivir con la inseguridad de nuestra ciudad.
Estas y muchas otras historias nos suceden a diario, estés donde estés y te sientes a platicar con cualquiera. Las cifras oficialmente bajan, pero la realidad es otra. Desde luego que la percepción es la culpable, según sabemos porque así lo dicen las autoridades, pero la inseguridad sigue, digan lo que digan.
El pasado miércoles, en la plática que en el GEM dio el magistrado del Tribunal Administrativo de nuestro país, él opinaba que el problema lacerante de la inseguridad se debería atacar, según su criterio, haciendo responsables a los alcaldes de la seguridad en cada uno de sus municipios, y que ellos a su vez responsabilizaran a los jefes policiacos y a los encargados de cada uno de los sectores en que se divide el municipio, ya que sólo de esa manera se puede tener un verdadero control de lo que sucede en cada sector o colonia del ayuntamiento. Nos comentaba también sobre la importancia de los ayuntamientos, ya que son los que en realidad tienen un contacto directo con los ciudadanos, por lo que son quienes deben de una u otra manera manejar el problema de la seguridad, de la que deberían ser responsables.
Pero la cosa no para ahí, y el pasado sábado, al recoger a una persona para una reunión que ya teníamos prevista, su familia estaba verdaderamente asustada, ya que ese día vinieron dos matrimonios conocidos de ellos de la región de Tehuixtla y le comentaban que se venía a Cuernavaca, pues el narco los había sacado de sus casas y sus parcelas y que, como ya habían asesinado a varios de sus  vecinos, prefirieron venirse a Cuernavaca a ver qué trabajo pueden conseguir; lo que no será fácil, ya que son campesinos y se dedicaban a cultivar la tierra, pero en vista de que los echaron fuera, ahora serán empleados de uno de los ricos que vienen a hacerse más ricos con sus tiendas en los nuevos centros comerciales, los que les darán un sueldo de hambre como empleados de limpieza y, si bien les va, alguno en el mostrador, lo que sólo les servirá para comer e irla pasando con mucha modestia. Estas historias son terribles, pues se está desarraigando a nuestra gente de su tierra por la inseguridad, y si seguimos con los ejemplos nunca acabaríamos. La triste verdad es que el fin de semana pasado hubo 7 muertos por violencia en Cuernavaca, pero los antros funcionan sin ninguna regla y cada quien hace lo que quiere en esta ciudad, en la que cada día da más miedo transitar. ¿No cree usted?

PASANDO A NOTICIAS agradables, el pasado martes en el Museo Indígena de la UAEM se llevó a cabo una plática más de “Charlas de Café”, que organiza nuestro amigo Fernando Valero, en la que estuvo el maestro Jorge Cázares, quien con su extraordinaria plática nos deleitó durante más de una hora con anécdotas del viejo Cuernavaca y de su labor como  promotor cultural. Un grupo de cuernavacenses abarrotó el salón del evento. Por cierto que el próximo día 19 a las seis de la tarde en el CEMA -antiguo hospital civil de Cuernavaca- en esa institución se le rinde un homenaje al maestro Cázares, acto al que acudiremos con gusto todos los buenos cuernavacenses. Hay que recordar que el CEMA es la continuación del Centro Regional de Bellas Artes, del cual el maestro fue alumno y a la vez mentor; nuestro pintor morelense es uno de los hombres más respetados de la ciudad, como cuernavacense de excepción, y vale la pena que, a pesar de que éste sea un modesto homenaje y no como el que se merece, al menos será un acto de sincero reconocimiento público a quien ha luchado durante muchos años por traer buena cultura a Cuernavaca. ¿No cree usted?