La ineficiencia de la Fiscalía Anticorrupción en Morelos oscila entre la propaganda y la impunidad. La corrupción se ha convertido en un tema recurrente en los medios de comunicación y en las conversaciones cotidianas de la ciudadanía. Con frecuencia se anuncian investigaciones sobre desfalcos millonarios, enriquecimiento ilícito de exfuncionarios y presuntos actos de desvío de recursos públicos. Sin embargo, a pesar del despliegue mediático, los resultados tangibles son prácticamente nulos. La Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción del Estado de Morelos, creada precisamente para atender estos casos, se ha quedado en el papel y en la publicidad, sin ofrecer justicia real a los ciudadanos. Cuando se instauró la Fiscalía Anticorrupción, se presentó como una herramienta fundamental para combatir uno de los males más profundos que aquejan al estado. La intención era clara: investigar y procesar a quienes, desde el poder, hubieran utilizado recursos públicos para su beneficio personal. El mensaje a la sociedad era contundente: nadie estaría por encima de la ley. No obstante, con el paso del tiempo, la percepción ciudadana es que esta institución funciona más como un escaparate político que como un organismo autónomo y eficaz. La lucha contra la corrupción en Morelos se ha quedado en promesas, titulares y conferencias de prensa, sin traducirse en sentencias ni reparaciones del daño. Cada cierto tiempo, la Fiscalía anuncia investigaciones contra exalcaldes, exdiputados, funcionarios de primer nivel e incluso los dos últimos exgobernadores. Se habla de desvíos de recursos millonarios, compras simuladas, facturación falsa y licitaciones amañadas. Estas revelaciones suelen causar indignación en la ciudadanía, que se entera de cómo se manipularon los recursos destinados a obras públicas, programas sociales o servicios de salud. Sin embargo, la indignación pronto se convierte en frustración. La mayoría de esos casos queda en carpetas de investigación sin avances o se pierde en laberintos burocráticos. Incluso algunos exfuncionarios señalados han regresado a ocupar cargos públicos o se pasean con total impunidad, lo que refuerza la sensación de que la Fiscalía Anticorrupción es un organismo decorativo. Existen varias razones por las que la Fiscalía Anticorrupción en Morelos no ha cumplido con su cometido, a pesar de los cambios en la titularidad. Entre ellas destacan: Falta de autonomía real. Aunque en teoría la Fiscalía es autónoma, en la práctica se encuentra atravesada por presiones políticas. En muchos casos, las investigaciones dependen de intereses partidistas o de coyunturas electorales. Recursos limitados. El presupuesto asignado a la institución suele ser insuficiente para realizar investigaciones profundas, contratar peritos especializados o dar seguimiento a procesos complejos. La corrupción, por su naturaleza sofisticada, requiere equipos multidisciplinarios y tecnología de punta, que rara vez están disponibles. Procesos judiciales lentos y débiles. Incluso cuando se presentan denuncias o se judicializan carpetas, los procesos suelen alargarse indefinidamente. Los jueces, por diversas razones, también han contribuido a que los casos se caigan por falta de pruebas sólidas o por deficiencias técnicas en la integración de los expedientes. Uso político de la información. En muchos casos, las investigaciones se filtran a los medios con el objetivo de exhibir a determinados personajes en momentos estratégicos. Sin embargo, este uso político rara vez desemboca en justicia real, quedando únicamente en un instrumento de desgaste mediático. El resultado de esta ineficiencia es devastador para la sociedad. Cada anuncio de un nuevo caso de corrupción genera expectativa de justicia, pero la falta de sentencias refuerza la percepción de impunidad. Este mensaje es doblemente dañino: por un lado, desalienta la confianza de los ciudadanos en las instituciones; por otro, incentiva a futuros servidores públicos a repetir los mismos patrones, sabiendo que difícilmente serán castigados. La corrupción en Morelos no sólo implica el mal uso del dinero público, sino también un deterioro profundo de la vida social. Escuelas sin mantenimiento, hospitales sin medicamentos, calles en mal estado y comunidades sin servicios básicos son el reflejo tangible de los recursos que se desvían. Y, mientras tanto, la Fiscalía encargada de evitarlo permanece atrapada en la ineficiencia. Para revertir esta situación, sería indispensable dotar a la Fiscalía Anticorrupción de verdadera autonomía, recursos suficientes y personal capacitado. Además, se requiere voluntad política para dejar de usar la corrupción como arma de desgaste entre partidos y convertirla en un problema que debe resolverse con seriedad. Asimismo, la sociedad civil debe jugar un papel más activo en la vigilancia y exigencia de resultados. La presión ciudadana es uno de los pocos mecanismos que puede obligar a las instituciones a salir de la pasividad. Organizaciones sociales, colectivos y medios de comunicación deben insistir en la transparencia de los procesos y en la rendición de cuentas. La Fiscalía Anticorrupción en Morelos ha demostrado ser más eficiente en la propaganda que en la justicia. A pesar de los constantes anuncios de desfalcos y actos ilícitos cometidos por exfuncionarios, la ausencia de sentencias firmes revela una realidad alarmante. En el estado, la corrupción no se combate, se administra. Mientras no haya resultados concretos, la institución seguirá siendo vista como un aparato que sirve más a los intereses políticos que a los ciudadanos. A pesar del trabajo constante de la gobernadora, los resultados y la impunidad son ese cáncer que debilita la confianza en la actual administración, y éste continuará extendiéndose. El gran reto para Morelos es pasar del discurso a la acción, de la denuncia pública a la sanción real, antes de que la corrupción termine por devorar lo poco que queda de confianza en sus instituciones. ¿No cree usted? Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.
