Los que no son morelenses, y menos cuernavacenses, no entenderán la importancia del pericón en la historia de nuestra ciudad y las ya famosas cruces del pericón -que han emigrado a muchos de los estados aledaños- son una tradición ciento por ciento cuernavacense.
La leyenda sobre las flores del pericón es una de las más bellas y extraordinarias leyendas del estado, y tienen desde luego una raíz histórica: la conquista de lo que fue el señorío Tlahuica asentado en nuestra ciudad.
Y es el resultado de la catequización que los franciscanos en Cuernavaca realizaron de manera eficaz en la zona. El pasado día ocho celebramos a la Virgen de la ciudad, la Virgen de Tlaltenango y, al mismo tiempo, en el vecino Tepoztlán se llevó a cabo el famoso “Reto”, escenificación del reclamo de los señores de alrededor de ese hermoso pueblo mágico a su señor por haberse convertido al catolicismo, aceptando a la Virgen María.

La hermosa tradición del pericón también es prehispánica y, desde luego, no haré una síntesis porque sería echar a perder la bella leyenda, pero sepa usted que fue el resultado de un pleito con su respectiva guerra entre Tlahuicas y Tepoztecas, quienes luchaban por el sagrado Teponaztli, que dio como resultado que en los campos de Ahuatepec se peleara una batalla en la que los cadáveres fueron cubiertos de pericón para que no fueran comidos por los depredadores.

Las flores del pericón se utilizaban desde antes de la llegada de los españoles como lo que ahora conocemos como “raidolito”, o sea un repelente que, al ser quemado, con el humo y su olor libera el lugar de moscos y alimañas de las habitaciones, por lo que en esa época, como el día de hoy, los tlahuicas recolectaban las flores que utilizaban como adorno, además de disfrutar de su bello aroma, y dejaban secar para todo el año para utilizarlas como repelente natural de molestos insectos.
Convertida en una tradición anual, las familias cortaban el pericón y en grandes cantidades se lo llevaban a sus casas para guardarlo para todo un año. Cuando los sacerdotes se dieron cuenta de que el día 28 de septiembre salían los naturales del lugar a cortar el pericón y los primeros elotes de la cosecha, pusieron atención e idearon la manera de aprovechar esa costumbre.
La celebración nos habla de una batalla entre tlahuicas y tepoztecas, y después de ella la celebración frente al Chalchi; esa fue la gota que derramó el vaso de la curiosidad franciscana, ya que los intrigados monjes los espiaron y observaron y se dieron cuenta de que esas flores eran parte importante de la vida de las comunidades, por lo que idearon una manera de retomar la tradición para la religión católica.
Aprovechando que el 29 de septiembre es día de San Miguel Arcángel, que es un guerrero que lucha en contra del demonio, inventaron que a las doce de la noche del día 28 soltaban al diablo de su infierno, por lo que el arcángel luchaba con él en la tierra y, para no recibir el ataque del demonio la gente debería de poner una cruz de pericón en la puerta de cada casa.
Así comenzó la tradición de poner las ahora ya famosas cruces del pericón.
Durante el siglo pasado en Cuernavaca la fiesta del pericón era una fiesta importante, pues todas las familias salían en grupos a cortar las flores del pericón a los campos donde ahora están el Estadio Miraval y la Secundaria Federal Número Uno, por lo que esa calle llevó durante muchos años el nombre de Pericón y ahí se hacía una verdadera verbena popular a la que acudían no sólo las familias, sino, al ser una tradición, aparecían vendedores de toda clase de comida, bebidas, antojitos; reuniones de las cuales existen otras leyendas sobre esos días de fiesta a las que las familias llevaban sus canastas y comían en el campo además de cortar las flores del pericón.
Con el paso del tiempo se fue perdiendo la tradición de esas fiestas, primordialmente con el crecimiento de la ciudad y la llegada de mucha gente de fuera, pero la tradición de las cruces del pericón aún perdura.
Varios gobiernos han utilizado la celebración, haciéndola de diferentes maneras y hay quienes se han atrevido a llevarlo como si fuera una tradición de los pueblos de alrededor y fuera de Cuernavaca que colindan con el Estado de México; la verdad es que es una tradición de la ciudad que se ha convertido en morelense y que se ha exportado a varios estados de los alrededores, pero es una de las pocas tradiciones totalmente de Cuernavaca.
Así que disfrutemos el olor y la belleza del pericón y pongamos nuestras cruces que son una tradición totalmente nuestra; no la perdamos. ¿No cree usted?

Por Teodoro Lavín León / lavinleon@gmail.com / Twitter: @teolavin