El fin de semana me encontré en diferentes lugares a varios amigos, y me llamó mucho la atención que la gente que está ligada a la cultura esté tan molesta con la Secretaría del mismo nombre. Contaban, a la hora de la comida, las condiciones tan deplorables del teatro Ocampo, que, como todos sabemos, tiene más o menos un siglo de construido, y que en la última remodelación desaparecieron las dos hermosas estatuas gigantes art decó que estaban a los lados del foro. Nos comentaban que es un verdadero asco y abandono en el que está uno de los teatros tradicionales de la ciudad de Cuernavaca, lo cual es increíble, pues el anterior director lo tenía funcionando perfectamente.
En ese lugar existe uno de los dos pianos de cola Steinway que compró Ricardo Guerra en la época de Riva Palacio; el otro se encuentra en la Sala Manuel M. Ponce del Jardín Borda, que, al parecer, también está semiabandonado. Las críticas a quienes administran la cultura no se hicieron esperar. La Vecindad está cerrada, esa hermosa propiedad que fue de la familia Olivares y entre cuyas paredes vivieron muchos de los periodistas y fotógrafos del siglo pasado, y que se convirtió en un lugar para ayudar a los niños a desarrollar sus talentos, pero que ahora está cerrada. La crítica fue que dijeron que Grákula robaba, pero al menos hacía algo por la ciudad.
Por cierto, cada vez que me es posible voy a la ópera que se presenta en el Teopanzolco. El lugar es un bello auditorio que se construyó gracias a que Rodolfo Becerril llevó el primer proyecto de remodelación, ya que ese espacio fue una donación que consiguió Juan Salgado Brito cuando fue presidente municipal de la ciudad. Después lo construyeron en el gobierno de Grákula, y cobraron la obra como si fuera el Palacio de Bellas Artes.
Y hay que apuntar que es increíble que les den las concesiones a quienes se las dan. Todos los teatros decentes tienen un foyer, que es el lugar donde se reúnen los asistentes en los intermedios, y antes y después de la presentación, en este caso de la ópera. Pero resulta que no lo puedes ocupar si no consumes en la tiendita/cafetería que da el servicio, donde una agua mineral cuesta 95 pesos, es decir, bastante caro, y las encargadas del lugar no te permiten sentarte si no estás consumiendo. Está bien que la directora o sus cuates hagan negocio, pero que no exageren. La prueba es que gran cantidad de gente lleva qué beber y comer, y se sale al patio por donde entramos para no consumir lo malo y caro.
Ahí la crítica es que las clases que dan son como las que se imparten en municipios que no tienen nada que ver con el arte. En fin, son duras las críticas cuando se dice que esta Secretaría hace buenos desfiles, pero nada más. Tendrán que poner atención los encargados del ramo, porque esto apenas está empezando y ya empezó a salir la molestia de la sociedad que es adicta a la cultura, pero que no está de acuerdo en cómo se lleva a cabo su promoción.
La luna de miel con el gobierno se terminó, y los gritos de “¡Seguridad, seguridad!” en la pasada visita de la Presidenta de la República lo hacen ver. La verdad es que estamos hartos de la inseguridad en que vivimos, y si no toman ya al toro por los cuernos, no lo podrán arreglar más tarde. Sabemos que no es nada fácil, pero la gente ya está exigiendo soluciones reales. ¿No cree usted?
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