1.
Se exhibe en el museo Rufino Tamayo “En Apariencia Otro México.

Bocetos para Murales de Rufino Tamayo”, muestra que reúne varios bocetos para los 20 murales que diseñó el oaxaqueño, algunos de los cuales nunca fueron realizados.

El espíritu que los distingue es, como en su obra de caballete, una poética que tiene que ver, como ya se sabe, en gran medida con lo mítico, básicamente relacionada con la creación del hombre y del universo.

De entre los varios interesantes proyectos, llama la atención “Boceto para el mural La Naturaleza y el artista, la obra de arte y el espectador”, trabajo hermosamente coloreado de 1941 que antecedente al mural que realizó en el Smith College de Massachusetts, un año después.

Y resulta interesante porque está configurado a base de ALEGORÍAS, una forma de simbolizar del que muchos artistas echan mano para expresar ideas y narrativas.

2.
Una alegoría es la representación de una idea abstracta, mediante una idea corporal.

En el caso del boceto y mural que comentamos, aparecen como figuras humanas el agua, el fuego, el viento, la tierra y la Naturaleza, sintetizadas y casi monocromáticas, como acostumbraba el artista.

Tal vez para equilibrar la composición, la poesía y el ingenio aparecen representados por una lira y un compás.

3.
La otra manera de representar la Naturaleza es la figuración realista, aquella que echa mano de la capacidad del artista de “copiar” los objetos que le interesan.

En este modo de la configuración escasamente se apela a la capacidad de INTERPRETACIÓN del espectador.

Ríos, nubes, montañas, fauna, flores y árboles aparecen dibujados y/o pintados de una manera “clara”, para que quien mira entienda que se trata de un paisaje.

En este caso se puede decir que se “leen” las figuras y lo que se narra.

Esta manera de representar el entorno corresponde al trabajo de vida de nuestro querido pintor morelense Jorge Cázares, desaparecido la semana pasada.

Y si algo podemos añadir sobre su maestría es que el morelense llevó el recurso de la MÍMESIS hasta el grado superlativo de pintar hoja por hoja, en el caso de la floración.

Este detallismo, esta admiración suya por el entorno natural morelense implica un legado para las generaciones que vienen, que en términos de lectura podrá incluso vincularse con el pensamiento científico, porque da cuenta a botanistas e historiadores de un momento y un lugar dados, a pesar del espíritu romántico que animaba a Don Jorge a hacer las cosas.

4.
Estas dos maneras de concebir el arte, aparentemente opuestas -la que re-presenta y la que simboliza- constituyen las dos vías en las que puede dividirse la Historia del Arte.
Ambas son válidas hoy en día, por más que se haya dicho que las alegorías vinculadas con el mundo grecolatino hayan pasado de moda y que el paisaje bucólico también haya cedido su lugar al paisaje urbano y otros temas en la pintura figurativa.

(Confundir una intención con otra genera errores interpretativos tremendos.

El reciente caso de la pieza titulada “Revolución”, del controvertido creador Fabián Cháirez constituye el ejemplo más claro.

Su pieza se puede catalogar como figuración fantástica, es decir, apela al orden de lo simbólico.

No pide una lectura literal, como mucha gente ha entendido).

5.
Diferentes en su técnica y alcance estético, las propuestas de los Maestros Jorge Cázares Campos y Rufino Tamayo -quienes se trataron en Cuernavaca-, tienen cabida en la Historia del Arte porque los espectadores estamos capacitados para entender ambas formas de configurar, como decía mi maestra Teresa del Conde.

Lo demás tiene que ver con el gusto de cada quien.

Esa es la maravilla del arte.

FIN

María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com