1,Ahora que está de moda “Loving Vincent”, película escrita y dirigida por Dorotea Kobiela y Hugh Welchman, financiada parcialmente mediante una campaña de fondeo masivo (Kickstarter, para que vayamos entendiéndole a los nuevos patrocinios de la cultura) y animada con base en el trabajo artístico de 115 pintores que copian el estilo del postimpresionista neerlandés (65 mil tomas que producen riquísimos efectos visuales), me permito poner a su consideración, querido lector, una serie de reflexiones que contribuyen a actualizar, creo yo, la imagen del pintor.
Antes que nada, habría que decir que si bien la narrativa que da origen al guión es simple (el hijo del cartero Roulin llega a Auvers-sur-Oise a entregar una carta y va hilando la historia de los últimos días del pintor, a través de pláticas con la gente del pueblo), plantea dos interesantes hipótesis que cuestionan el “mito Van Gogh”, entendido como el del artista que se suicida por ser su obra incomprendida.
La primera es que lo entristece saber que su hermano menor Theo, de quien depende en todos sentidos, está enfermo de gravedad; la segunda que pudo no haber sido un suicidio.
2.Por otro lado, se deja ver el siempre controvertible asunto de que el Dr. Paul Gachet, quien siendo médico de artistas, coleccionista de arte, pintor aficionado y escritor interesado en el asunto de la melancolía, lo dejó morir en la Pensión Ravoux, 2 días después de la herida producida en el vientre por arma de fuego. ¿Qué oscuros sentimientos lo llevaron a no atenderlo, siendo amigo suyo y uno de sus mayores coleccionistas? ¿Estaría pensando en que después de su trágica muerte la obra iba a alcanzar precios de mercado en su momento impensables?
3.Para complementar estas reflexiones que forman parte de la historia del arte entendida como un constructo modificable y acaso infinito, quiero recomendarles un libro que disfruté al máximo, porque nos presenta a Johanna Bonger, la viuda de Theo, fallecido 6 meses después que el pintor. Y lo traigo a colación porque fue ella precisamente quien recopiló, ordenó y publicó las famosas cartas entre los hermanos Van Gogh en 1914, además de escribir una biografía sobre el artista.
Como mujer liberal, culta y sensible que fue, Johanna valoró el capital artístico que heredó, constituido por más de 200 obras entre pinturas y dibujos (había dejado otro tanto en Paris) además de 600 cartas escritas por el pintor, al que también deberíamos valorar como escritor.
De origen holandés, Johanna fue feminista (su cómplice en el tema fue Wilhelmina, hermana de Vincent y Theo), sufragista, estudiante y colaboradora en el British Museum.  Vivió de la administración de Villa Helma en Bussum, una casa de huéspedes ubicada a 25 km de Ámsterdam y dedicó más de 20 años de su vida a impulsar la obra de su cuñado, contando al principio con el apoyo de Emile Bernard, Albert Aurier y Pére Tanguy –entre otros-, hasta que su hijo Vincent creó la Fundación Vincent Van Gogh, en 1960.
“La viuda de los Van Gogh” (Helios, CDMX, 2016. 180 pp.) es un texto del argentino Camilo Sánchez que no tiene desperdicio, porque además de pintarnos el contexto en el que se dio la pintura del autor de los famosos girasoles, sigue una ruta de acceso a la vida íntima de esta familia que incluye el fascinante diario de Jo Bonger.  
4.Este jueves María Gabriela Dumay comentará la película de la que venimos hablando en Casa Gabilondo (Comonfort 5, Centro) a las 19 horas y al día siguiente, presentarán ella y nuestro amigo, el escritor Rubén Pizano, su más reciente novela titulada “La sangre de la bestia”, a las 18 horas.
Es lógico suponer que la obra de Pizano esté relacionada con las novelas de folletín y la microhistoria de los cowboys, porque durante años se dedicó a escribir cientos de estos consumibles, lo interesante, según la Dumay, es que plantee la maldad como parte de la condición humana misma. Esto me recuerda que recientemente oí decir que algunos científicos hablan de la inscripción genética de la malquerencia. ¿Será esto a lo que se refiere la doctrina católica cuando habla del Pecado Original? A saber. FIN.  

Por: María Helena González / [email protected]

 

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