1 . El 7 de enero, mientras celebraba su cumpleaños número 97 el pintor Guillermo Monroy, la destacada investigadora Leticia López Orozco dejaba este plano terrenal, presumiblemente afectada por el SARS CoV-2.

Así las cosas de la vida y la muerte, en el brevísimo mundo de una exposición que quiere nacer en Cuernavaca y un libro que verá la luz próximamente, con un texto, hoy póstumo, de una de las personas más informadas en México sobre el muralismo mexicano.

El 31 de octubre, hace escasos tres meses, nos habíamos encontrado en la casa de Monroy, ubicada en esta ciudad para entrevistar a quien ha sido uno de los artistas más prolíficos en el estado. De la Ciudad de México llegó Doña Leticia, quien ya había trabajado el archivo del creador, para algunas publicaciones relacionadas con su obra y con “Los Fridos”, mote que se le dio a los alumnos más asiduos al aula de Frida Kahlo. Monroy es el único sobreviviente de los 4 más conocidos.

Los convidados a la plática -Guillermo Diego Monroy, hijo del maestro; Javier García, encargado del manejo de colecciones en el Jardín Borda, Julián López, diseñador y una servidora- contemplamos gustosos la conversación entre ambos, aderezada por risas, anécdotas e interesantes datos duros.

Comparto, querido lector, un par de párrafos escritos para el libro en ciernes, por la Maestra Leticia López Orozco, como un humildísimo homenaje a su apreciada persona.

2. “Lo interesante de Monroy es que él sin dejar de lado las enseñanzas ni los postulados de quienes lo precedieron en el arte, se sumó a la creación dentro de los parámetros “neovanguardistas” de las décadas de 1950-1970. En la exposición se conocerán diversas obras, muchas inéditas, realizadas con los principios surrealistas, en donde su mundo onírico muy personal lo condujo por narrativas simbólicas donde los sueños y las fantasías ocuparon el centro de su creación, aunque siguió representando íconos de la plástica y la cultura mexicanas, como varios retratos y calaveras –éstas con clara referencia al Taller de Gráfica Popular (1937) en el que participó-, de Kahlo, Rivera, Siqueiros, el Dr. Atl, pero también del poeta norteamericano Walt Withman y autorretratos.

“...la diversidad creativa de Monroy incluye la escritura de textos periodísticos, iniciada cuando Isolda Kahlo, muy amiga de él, durante el trayecto a su trabajo, le contaba ...sobre el líder ruso y su esposa. Monroy le ofreció que algún día escribiría una obra sobre sus recuerdos y lo hizo. Al leerlo, Isolda le propuso llevárselo a “Bambi” (Ana Cecilia Treviño) periodista de Excélsior, quien al leerlo “quedó encantada”. Consiguieron fotos de Trotsky; y “Bambi” mandó a Noemí Atamoros a entrevistarlos a la casona de Isolda; les tomaron fotos y el artículo de Monroy se publicó en dos páginas del diario y le dieron la portada también. “Bambi” muy complacida con los resultados, invitó al “Frido” a continuar escribiendo y publicando en el periódico. De ahí, se sucedieron los artículos en el Excélsior, en el Correo del Sur, y en otros órganos periódicos.

“No podían escapar a su trazo personajes señeros de la historia de México como Emiliano Zapata, el “Caudillo del sur” o “Atila del sur”. Varios grabados, dibujos y calaveras representan a Zapata en su obra. Su hijo Guillermo Diego Monroy afirma que su natural rebeldía condujo a su padre a colaborar en El Zapatista Ilustrado. Revista de Penetración Cultural, de Morelos, a fines de los años 90, ya surgido el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El “Frido” Monroy compuso el poema Canto de dolor y amor a Emiliano Zapata.

“En el 68 Monroy estaba pintando y montando una gran ofrenda con el escultor Alejo Jacobo, ambos docentes del Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca (IRBAC), que abarcó casi todo el Jardín Borda. Monroy y Jacobo tomaron parte en el concurso convocado -por un patronato recién creado y presidido por el hijo de Manuel Suárez- para artistas plásticos, arquitectos y artesanos, con el fin de montar una ofrenda. Obtuvieron el primer lugar y se abocaron a trabajar en el diseño de ésta que nombraron Miquixtli (muerte en náhuatl). Monroy rememora que los estudiantes de la UNAM, del IPN y otras escuelas, ya habían sido masacrados en Tlatelolco. Se encontraban montando la ofrenda en el IRBAC, cuando varios alumnos de la Universidad Autónoma de Morelos que apoyaban activamente el movimiento estudiantil de la capital mexicana, irrumpieron en el recinto perseguidos por el ejército y los profesores y autoridades los escondieron y protegieron.

“Monroy llegó entre 1961- 1962 al IRBAC (creado en 1957), procedente del Instituto Regional de Bellas Artes de Acapulco, donde era profesor y director de Artes Plásticas, mientras que el director del Instituto era Luis Arenal. Por motivos familiares se mudó a Cuernavaca. Monroy ocupó la plaza del profesor Javier Íñiguez, cuando el arquitecto Felipe Jardel era el director del IRBAC.”

3. Descanse en paz, la historiadora del arte, Leticia López Orozco. FIN

Por MARÍA HELENA GONZÁLEZ / helenagonzalezcultura@gmail.com