1.Se festejan los 80 años del Instituto Nacional de Antropología e Historia y la semana pasada tuvimos la fortuna de escuchar a los Maestros Lourdes Bejarano, Antonio García de León y Víctor Hugo Valencia, acompañados del Director del Museo Cuauhnáhuac, Rodolfo Candelas, presentar la hermosísima edición conmemorativa, publicada por el propio instituto y la Secretaría de Cultura federal, en el citado recinto. 

El libro es un gozo, no sólo por el asunto que llevó a 15 reconocidos especialistas a narrar la historia de ese portento de institución, que da cuenta del devenir de los casi 60 mil sitios y monumentos históricos localizados en el país a lo largo de casi un siglo, desde las primeras exploraciones llevadas a cabo por aventureros, hasta las excavaciones científicas de hoy, sino porque como objeto es bellísimo. Un “must” en las cultas bibliotecas que cada día se lucen más con “Coffee Table Books”.

2.Actualmente se habla de inclusión, transparencia, democratización e igualdad con respecto a la labor de los museos, pero leyendo tres de los textos del libro, uno se enfrenta a narrativas nacidas desde la legitimidad más profunda. En sus páginas, Antonio Saborit y Salvador Rueda Smithers nos conmueven porque se alejan del lenguaje oficial de muchos funcionarios y se dejan llevar por la emoción. Porque son historias de vida las que cuentan y porque nos narran cómo se fueron ubicando en sus sedes actuales los acervos procedentes de aquel Museo Nacional, ubicado en el ala norte del Palacio Nacional, en la Calle de Moneda, 

El otro capítulo dedicado al asunto museístico lo escribieron Jaime Bali y Adriana Konzevik, ya pensando en la contemporaneidad de los modelos de gestión actuales y la necesidad de promover la gran oferta cultural a la que está obligada la noble institución.

Si acaso algo le faltara al volumen, serían las aportaciones que den cuenta de los asuntos paleontológicos y lingüísticos. 

2.En nuestro estado existen 1068 sitios considerados arqueológicos y/o históricos, de los cuales sólo 7 están abiertos al público. México tiene el primer lugar en Latinoamérica en materia de sitios reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Mundial y, para fortuna nuestra, dos de ellos están en nuestro estado. 

Xochicalco y la Ruta de los Conventos son los extremos de un eje capital. El primero abierto y con su museo de sitio, genera ya turismo cultural; el segundo, con más de la mitad de los inmuebles dañados por por los sismos de 2017, podría convertirse en un puntal de desarrollo sexenal, pero necesita una inversión millonaria. 

El gran reto, nos decía nuestro amigo, el Antropólogo Víctor Hugo Valencia, encargado del Centro INAH Morelos, es aplicar el magro presupuesto designado tradicionalmente a la cultura, para que las múltiples labores de rescate, restauración, difusión, publicación de libros y formación de profesionales, tenga un impacto positivo en la muy urgente recuperación del tejido social.

3.Querido lector, finalizo esta entrega confiándole casi en secreto, que apenas comenzando a leer la publicación, me fui de viaje por sus imágenes. Vi a detalle algunas de las fotografías que ilustran cada uno de los textos y descubrí que la historia de la arqueología mexicana también se ve reflejada en la manera en la que los interesados se ajuareaban para irse al trabajo de campo. Me da ternura ver a aquellos que se subieron al Tepozteco en 1910, de bombín, chaleco, saco y corbata (p.54). ¿Cómo se habrán sentido, todos apretados y sudados? Qué diferencia de la imagen de la página 107, en la que vemos, en una ilustración de Claude Baudez, al arqueólogo Désiré Charnay, en pleno ascenso por la cuesta de un cerro maya. Está despojado del atuendo formal, para convertirse en un aventurero semisalvaje, dispuesto a enfrentar apenas con unas botas y un pantalón corto, un sombrero y una mochila al hombro, los rigores de la selva para hallar los vestigios de antiguas civilizaciones. Pero esa es una historia mía, no me haga caso. FIN.

 

María helena gonzález
helenagonzalezcultura@gmail.com