1.

Hace aproximadamente 5 meses, siendo todavía secretaria de Turismo y Cultura Margarita González Saravia, me sugirió visitar a Don Raúl Iragorri para proponerle que su exitosa empresa automotriz copatrocinara una publicación del área de museos. “Estando las cosas como están en materia de recursos, una de las vías de salvación del “austericidio” y en tiempos de pandemia, no me parece mala idea visitar a algunos empresarios, para esta y otras exposiciones que tenemos previstas”, le respondí.

Días después acudí a la oficina del carismático y conocido Don Raúl, en compañía de Jesús Rosas, promotor cultural y colaborador cercano suyo. La conversación inició con la muestra propuesta y su consiguiente catálogo, pero de inmediato se enriqueció con un sinfín de asuntos vinculados con la historia del arte local. El turrón lo rompimos trayendo a colación al Maestro Jorge Cázares, sobre cuya vida y obra tengo la fortuna de haber escrito un libro que el empresario recordó al instante. Sobra decir que se sentía muy orgulloso de ser coleccionista de arte y apreciaba mucho el valor de la cultura como motor de cambio.

Me platicó sobre la coincidencia de su nacimiento a manos de la misma partera y con horas de diferencia, con el Ingeniero Marcos Manuel Suárez Ruiz, de quien fue amigo y compañero de lucha. Y ya en confianza, pasamos a los espinosos asuntos del arte contemporáneo, del que se confesó francamente desconfiado.

Antes de despedirnos agendamos visita al Jardín Borda y un desayuno de trabajo que por fortuna se logró poco después.

2.

Cordial y amable en todo momento, no sólo tratándose de eventos públicos, Don Raúl Iragorri representa lo mejor de una sociedad hoy en peligro de extinción por los horrores y prisas de la modernidad, el desgaste de tanto mal gobierno y una naciente juventud sólo involucrada consigo misma.

Durante su paseo por el afamado jardín, platicamos de la gente que se estaba yendo, del Colegio Cristóbal Colón, las calles de la ciudad y con especial énfasis sobre las familias que se saludaban antaño en el centro de Cuernavaca, las que emparentaban porque todos se conocían y respetaban. Aquella época en la que los frondosos árboles de la Plaza de Armas, los famosos guayabos, la Catedral, el restaurante La  Universal y el Palacio de Cortés incitaban a la sociedad morelense a referirse al máximo orgullo, el “yo soy de aquí”.

Hoy, a escasos 3 días de su partida, a causa de esa horrenda pandemia que según él nos ha permitido conocer el valor de la amistad, no puedo más que coincidir con Danae De Negri, titular del SIPINNA: le quedamos a deber a Don Raúl Iragorri.

3.

Del muro de FB de la funcionaria extraigo los siguientes párrafos:

“Leyendo tantas muestras de tristeza y respeto por la sorpresiva muerte del paisano #Raúl Iragorri, me quedo pensando en cómo hemos sido injustos con los morelenses de cepa, por intereses ajenos al bien de nuestro estado, o de Cuernavaca en particular.

“Varias veces hemos sido indiferentes con los sólidos coterráneos que han amado a Morelos, a pesar de que sus riquezas (de cualquier índole), y sus dones les han caracterizado tanto, que bien podrían irse a otros lares y afirmar eso de que “nadie es profeta en su propia tierra”, teniendo mejores oportunidades que en la morada que los vio crecer o desarrollarse. (...)

“Don Raúl era un persistente candidato a la presidencia del municipio, y siempre pensé que de haber tenido la oportunidad (...) hubiese sido un buen gobernante. Su discurso del cambio era persistente, pero la izquierda morelense le quedó a deber mucho a un hombre paradójicamente más de causas justas, que aquellos que se vestían y se visten de la “ideología del pueblo”.

3.

Como sabemos, su inversión en Morelos le dio de comer a cientos de familias durante muchos años, incluyendo estos momentos, en los que hubiera sido oportuno reducir la abultada nómina, porque le generaba pérdidas.

Por eso y más, dentro y fuera de ese raro espacio de ciudadanía que es FB, destacan las muestras de afecto por Don Raúl, a quien vamos a echar de menos porque además de que se nos va una fina persona, una vez más los morelenses nos quedaremos sin la oportunidad de ver la capital en manos de alguien con experiencia exitosa y liderazgo probados. Lo mismo aplica para el partido que llevó a la presidencia a AMLO. FIN

Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com


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