No sé si ya se está viviendo la Nueva Normalidad o se está esperando que llegue la vacuna de Rusia, Estados Unidos, China o de cualquier otro lugar. Pero lo que sí sé, es que ya estamos hasta el gorro de esta situación. 
Desde que se presentó el Covid-19 nos han recomendado que nos quedemos en casa, que sigamos las indicaciones de la distancia entre uno y otro de un metro y medio, que nos lavemos las manos de 15 a 20 veces diarias, que usemos mascarilla al salir a efectuar nuestras compras al “Super”, como si fueran parte de su publicidad y no a los mercados municipales por la desorganización de clientes, puestos, locales, sin haber manera de tomar La Sana Distancia. Sin encontrar un lugar donde lavarse las manos y sentir el roce de los clientes sin tapabocas.
Me gustaría preguntarle al Doctor Hugo López Gatell si esta es la Nueva Normalidad para uno o tres años o para siempre. Porque no todo está siendo tan negativo; ahora toda mi familia ya se lava las manos cuatro o cinco veces al día, mi esposa y yo ya nos llevamos mejor, yo estoy aprendiendo a cocinar mientras ella tiende camas y rocía con antibacterial la ropa que usamos el día anterior, llena de cloro el dintel de la casa por si alguien de la familia nos visita.
Cuando llega el pedido de la frutería y de la “comida para llevar”, luego hay que pasar por mi socio, abrir mi despacho, dejar el auto a dos cuadras y que no se me olvide el periódico de hoy para ver que tonterías dijo Trump sobre los mexicanos ayer en la tarde, que porque no ayude a los pobres gringos a parar su pandemia y que por eso está construyendo el muro.
Luego cerramos la oficina porque a las 12 es horas del café y pedimos unas galletas que amablemente el mesero con guantes nos sirvió. Nos sentamos cada quien a 1.5 metros de distancia y cuando nadie nos ve nos quitamos los tapabocas y nos tomamos el café con una galleta. Aquí si se está seguro, pues hasta guantes traen con las manos bien lavadas, si pero las manos no. En eso llegan mis amigos, se quitan las máscaras y los tapabocas. Y luego sacan unos billetes de a veinte para ver quién paga los cafés. 
Llega mi mujer y se pide una botella de agua azucarada. ¡! NO ¡¡, mejor tomate un jugo de naranja porque tienes diabetes. “Pues a mi me gusta este refresco, ya sabes que me tomo 5 al día, me contestó enojada.
Está bonita la mañana, continuó diciendo, hoy voy a ir al mercado o sea que me llevo el auto y nos vemos en la casa. Ya ves como hay de gente y no quiero que me vayan a contagiar. Por cierto aquí te dejo la máscara y el tapabocas no sea que me los roben en el mercado”. Mi mujer nos amoló porque después de trabajar tenemos que tomar dos rutas, pues mi socio vive en Palmira.
En eso que colocan una mesa larga al lado de nosotros y dijimos que por lo menos va a llegar gente que se siente a una sana distancia. Y en eso se sientan doce señores sin tapabocas carcajeándose de algún chiste y así siguieron durante media hora y cuando uno estonudó pagamos y nos fuimos. En la ruta sólo suben de 20 en 20 para que no haya “manada”. Me tocó ser el 21, así que mejor tomé un taxi, pero me bajé porque el chofer no traía tapabocas y dijo que a él nadie le decía que usar en su propio carro.

Logré alcanzar la otra ruta y cuando llegué a la casa me estaban esperando mis hijos y mi mujer del otro lado de la sala y me saludaron de lejos antes de ponerse los tapabocas porque yo llegaba de la calle con el mío todo infectado.

“Mira papá lo que dice el periódico, que dentro de dos años ya vamos a poder vacunarnos contra el coronavirus, pues hay 144 países que están investigando cómo conseguir el antivirus y que sólo va a costar tres mil dólares cada vacuna, pues los pobres dueños de los laboratorios necesitan por lo menos recuperar lo que les ha costado la investigación, además Estados Unidos ya firmó  para comprar los primeros 100 millones de vacunas”. 
Y cuando empiece la Nueva Normalidad qué voy a hacer con los cientos de tapabocas que tengo, también con mis hijos que ya no quieran volver a la escuela sino aprender virtualmente en su computadora desde la casa, pues la UNAM ya no volverá a las actividades presenciales, ni mi mujer querrá recibir a ninguno de mis amigos sin careta de plástico y me va a ordenar que vaya al mercado, que tienda mi cama, haga el desayuno y que lave los trastes. ¿O no es eso le NUEVA NORMALIDAD?

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Rafael Benabib