Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le urge la intervención armada contra Venezuela, ya sea a través de Colombia, pero jamás directamente desde su País. Conforme pasa el tiempo, la ciudadanía estadunidense se está dando cuenta de los errores que se están cometiendo en cuanto a derechos humanos, el cada vez mayor desprestigio de su presidente y de EE.UU. en el concierto de las naciones.
Dentro de su propio país está naciendo una gran oposición a que se comience un conflicto armado en Venezuela o en cualquier otra parte del mundo. Si en las elecciones pasadas, los republicanos perdieron el control de la cámara baja, en las elecciones de 2020 pueden hasta perder la presidencia contra el partido demócrata. En este último partido político se encuentra el senador Bernie Sanders, quien estuvo a punto de ser nombrado candidato a la presidencia de EEUU en lugar de la señora Clinton y el que de seguro hubiera ganado en 2017.
Dentro de ese país se están calentando las planchas de tal forma que ya existe una división entre la misma población sobre la izquierda contraria a la política militarista, y la derecha que no desea que las cosas se salgan de su control y por tanto, que necesitan la motivación del miedo entre la gente y la creencia de que una guerra contra quien sea, va a salvar a la tan vapuleada economía local. Con tal motivo, Trump la ha emprendido contra el socialismo, (del cual de seguro no sabe de lo que se trata), por lo que casi todas las universidades de su País han incluido la asignatura de Socialismo y sus estudiantes están tomando más conciencia de la importancia del conocimiento de los principios sociales y económicos que ella representa.
Desde el comienzo de su campaña electoral, Trump mostró que a él lo único que le interesaba era la supremacía blanca, contra México, contra los musulmanes y los negros, etcétera, ha fanfarroneando que les buscará más guerras hasta que todos sean países “democráticos”, mientras les busca conflictos a todo el mundo. Aunque le falló su política armamentista contra Siria, donde lo único que logró fue afianzar más al gobierno de Asad y de igual manera contra Irán y Corea del Norte, no así contra Libia a la que destruyeron por completo o a Irak, donde aún están presentes y sobre todo a Afganistán de donde no saben cómo salir.
Pero ahora tiene más amarradas las manos con la amenaza de que si se mete contra Venezuela, se las tendrá que ver con Moscú y probablemente China, el que ya le está mandando medicinas y alimentos a Venezuela, desde que comenzó el boicot contra este País y a cambio de esa ayuda, recibe como pago petróleo, pues China era uno de los grandes clientes de EE UU en hidrocarburos, el que con lo de la guerra económica, ya sólo le quedaban Rusia e Irán.
De cualquier manera, la política de Estados Unidos no es la de comenzar una guerra de frente. Ellos primero acusan a los gobernantes del país elegido, de atentar contra la “democracia” y querer ser, comunistas, socialistas, el estar en contra de los “derechos humanos” o tener armas escondidas de cualquier tipo: las hay atómicas, químicas o sonoras como en Cuba. Una vez  que mucha gente ya está en contra, EEUU comienza a cerrar sus grandes almacenes de comida, sus laboratorios químicos e inventan un desabasto que ellos mismos provocan al dejar de venderles alimentos y medicamentos, lo que hace que alguna gente, con miedo a un mayor problema social, emigre y magnifique el estado en que se encuentra su País, para justificar su huida.
Mientras, preparan a la opinión pública local. Luego subdividen a la población del país adonde quieren intervenir; una vez que hay todo tipo de conflictos entre los mismos ciudadanos, les venden armas a ambas partes y si son tres facciones mejor, para que se empiecen a pelear entre sí. Hacen toda la publicidad que se pueda alrededor del mundo para preparar a la opinión pública y tratan de justificar sus acciones a través de mucha propaganda falsa, dirigida hacia su pueblo y a todas las repetidoras de sus países aliados.
Donald Trump acaba de emitir un decreto en el que declara Emergencia Nacional en toda la frontera sur con México, “para evitar que sigan pasando el tráfico de estupefacientes que traen los delincuentes mexicanos para matar y envenenar a los pobres estadunidenses, razón por la cual él necesita edificar el muro y salvar la vida de los más de 300 millones de inocentes “Norteamericanos”.
Pero se olvidó que sus compatriotas ya no son tan inocentes como él cree y se han dado cuenta que el tipo ese está desprestigiando a su País más de lo que ya está, pero el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador ya le dio la receta para evitar el narcotráfico hacia Estados Unidos, al recordarle que haga una propaganda profusamente contra las drogas, que persiga a los cárteles dentro de su País y verá como ya no pasará ni un gramo de droga a EEUU.
Por principio de cuentas, quince Estados de la Unión Americana, ya le impusieron una demanda judicial contra la “Emergencia Nacional”, decretada en su frontera sur y en contra de México, por tanto, para que ese decreto presidencial tenga efecto es necesario que pase por el poder judicial, la Cámara baja, controlada por los demócratas, el Senado, controlado por los republicanos y el Departamento del Tesoro, lo que llevará el tiempo hasta que pasen las elecciones presidenciales de aquél País en 2020.
Al mismo tiempo, la sociedad estadunidense está dividida en el propio seno de las familias, los vecinos, dentro de las escuelas, en la clase trabajadora, los desempleados, los empresarios grandes y pequeños, etcétera, en la inteligencia de que todo el País está armado hasta los dientes. Porque a los veteranos de guerra les dejan llevar sus armas a sus hogares, no existe casi ninguna familia que no tenga por lo menos una o dos armas en su casa al alcance de los niños, quienes si son reprobados o les hacen bullyng se llevan el arma de papá y matan a dos o quince personas sin más castigo que una reprimenda por ser menores de edad.
Por eso el Presidente Andrés Manuel López Obrador le da por su lado y lo deja que hable lo que quiera, sin darle pretextos para que no sólo hable contra nuestro País sino que no se le ocurra, con sus 60 mil soldados en la frontera norte, llevar a cabo alguna de sus tan desquiciadas ideas. Trump quiere propaganda para su reelección porque ya tiene el agua hasta el cuello, por eso Andrés Manuel López Obrador lo está dejando. ¿Para qué contestar sus bravatas y abrir otro frente de guerra, si ya tiene suficiente con los que se hayan dentro de su propia casa?
Tenemos la obligación de señalar sus errores, pero también reconocer sus aciertos.

Por: Rafael Benabib / [email protected]